Invasión USA


Neoliberalismo y Coca Cero

12 de abril del 2017

Hacía ya dos meses que el presidente Evo Morales había expulsado al embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg, cuando el 11 de noviembre de 2008 suspendió todas las actividades en Bolivia de la DEA (Departamento Antidroga de Estados Unidos) ya que  su personal “apoyó actividades del golpe de Estado fallido” de septiembre de ese año en el Oriente del país.

“Tenemos la obligación de defender la dignidad y soberanía del pueblo boliviano”, afirmó entonces el mandatario desde el aeropuerto de Chimoré. La elección no fue casual.

El Estado neoliberal no solo saqueó el patrimonio público y hundió en la pobreza al pueblo, también criminalizó a los movimientos sociales. Las principales víctimas fueron los campesinos productores de coca, quienes fueron estigmatizados como “narcoterroristas”. Estados Unidos no sólo impulsó en la región las políticas neoliberales, sino que participó activamente en la llamada “guerra contra las drogas”. En abril de 1991, durante el gobierno de Jaime Paz Zamora, el ejército norteamericano envió 56 instructores militares para iniciar un curso de entrenamiento de 10 semanas para 500 miembros del Batallón Machego en Montero. En octubre del mismo año, otros 50 consejeros arribaron al país para entrenar durante 12 semanas al Batallón Jordán de Riberalta, Beni, con cerca de 400 miembros. El entrenamiento consistía en ejercicios para “conflictos de baja intensidad”, que se resume en ataques de fuerzas de UMOPAR contra poblaciones campesinas, atentados, asaltos y tortura contra poblaciones civiles, hasta el bombardeo de caminos usados por los campesinos. En la práctica, en esa zona, los derechos constitucionales quedaron subordinados al arbitrio de mandos militares estadounidenses, amos y señores del Trópico de Cochabamba.

Es por eso que el período 1985-2003 lo podemos caracterizar como el de “Neoliberalismo y Coca Cero”. También es el del surgimiento de Evo Morales como líder de los campesinos cocaleros y figura clave contra la intervención de los Estados Unidos en el Trópico de Cochabamba. La resistencia en el Chapare galvanizó la identidad ideológica del movimiento cocalero. El propio Morales estuvo en la mira de la DEA y la CIA, que pusieron en marcha planes para asesinarlo y así descabezar a los cocaleros y cortar el crecimiento de su imagen a nivel nacional. El 21 de mayo de 2008 el Presidente confirmó al diario “La Opinión” de Cochabamba que en 2001 un policía  había sido instruido para asesinarlo a la salida de una reunión en Lauca Ñ: “Al salir de esta reunión un policía se me acercó para advertirme que me cuidara porque otro policía llamado Canán me estaba esperando en Villa Tunari. Entonces me detuve y como teníamos otras dos movilidades decidimos ir en caravana. Averiguamos después y nos enteramos que ese Canán, en esos momentos capitán o mayor de la policía, era conocido porque perseguía a los movimientos sociales, pero especialmente siempre estaba detrás de mí. Era una persecución evidente, una especie de caza de gato y ratón”.

En esos 18 años todos los presidentes acataron las directivas de Washington. Víctor Paz Estenssoro, Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer y Jorge Quiroga fueron fieles discípulos y su ataque a los movimientos sociales del Trópico fue feroz. Quiroga impuso 10 convenios antiterroristas firmados con EE.UU., por el cual fue felicitado en una visita oficial a Washington en 200.

Morales fue el enemigo perfecto y deseado. Lo acusaron de ser “el mayor canciller del narcotráfico”, un “talibán”, de mantener relaciones con “narcoguerrillas”. Lo llevaron a la justicia con cargos falsos, le quitaron su banca de diputado. Tal la voracidad de la injerencia de los Estados Unidos en Bolivia y sus agentes locales. Tal su fracaso.

*Publicado en el Semanario Cuadernos Generación Evo

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categoría: américa latina