La Ceja. Corazón de la lucha alteña. Allí miles dejaron su sangre contra las dictaduras y el neoliberalismo. También miles, encabezados por Tupac Katari, cercaron dos veces a La Paz en 1781. Los conquistadores enterraron su cabeza allí para que no germinara el ejemplo. Pero, precisamente allí, en la mítica Ceja, en el legendario suelo de El Alto, su frase emblemática «a mi solo me mataréis, pero mañana volveré y seré millones”, se volvió a hacer tangible el 7 de agosto. Multitudes recibieron a Evo Morales Ayma. Fue el cierre de campaña del MAS y cómo memoria de siglos, como señal del Pachakutik, apenas Evo subió al escenario tenues copos de nieve comenzaron a caer. “Esta es la señal de la Pachamama, que el domingo vamos a triunfar”, arengó entonces el vicepresidente Alvaro García Linera.
Dos niños se aferran a su pollera. Entrecierran sus ojos al sol del altiplano. Sus mejillas ajadas son fieles testigos del crudo clima. Su madre, Francisca Sinca Suñagua, teje un retazo naranja que pronto será abrigo mientras hace la fila para votar y habla sobre la nueva Bolivia: “Es la primera vez que a nosotros los pobres alguien nos da algo; por eso estamos con Evo y en mi corazón agradezco”.
Senkata, en la ruta hacia Oruro. Casas bajas, de adobe o ladrillo hueco y desiertas extensiones. En los límites de la mítica ciudad de El Alto. En La escuela Tarapaca se extienden las filas frente a la mesa de votación. No hay murmullos. Ante la primera pregunta sobre la situación en Bolivia, las palabras convencidas brotan: “Nunca nos pondrán de rodillas, apoyamos a nuestro Presidente”, dice Ismael Condorcanqui, aguardando por su primer sufragio.
Juana Lucuni denuncia: “Hay un complot contra Evo. Ellos (los comités cívicos de la derecha, los prefectos del Oriente) dicen `ejecuten a ese indio campesino, quieren que lo maten porque es el único que está con los pobres. La gente se va a levantar si pasa esto. Guerra Civil habrá”.
Guerra Civil habrá.
Y camine por donde uno camine: Villa Ingenio, Complejo, Los Andes, Achacachi, las faldas de La Paz, los testimonios son resistencia y acción. Defender al presidente Evo y su “revolución democrática y cultural”. Más de 100 muertos dejó esa entereza durante las guerras del Agua (2000) y del Gas (2003) que terminaron con los gobiernos entreguistas y neoliberales. El ejemplo está latente. Y los excluidos de siempre están listos para defender a su gobierno.
A más de 4.000 metros de altura se extiende la comunidad de Pomamaya Alta, camino al departamento de Los Andes. En esas planicies verdeamarillas se coronan sobre el horizonte los imponentes picos nevados del Huayna Potosí (6.088mts) y el Illimani (6.462mts). Allí doce comunidades subsisten con el arado tradicional y criando vacas, chanchos y gallinas. Desde la llegada de Evo al poder se llevó a cabo la construcción de 300 establos para ganado bovino en los distritos 4, 5, 7 y 9 que está beneficiando a estas poblaciones campesinas.
Y éste es un punto central en las políticas públicas de Evo Morales: la mejora sustancial en la calidad de vida de las personas. Un Gobierno que incorporó al campo en sus decisiones de Estado: carreteras, tractores, alfabetización, asignación universal para los niños en edad escolar y para los mayores de 60 años (Bono Juancito Pinto y Renta Dignidad), noción de servicio público como derecho humano básico. Como afirmó el dirigente aymara Felipe Quispe: “Somos indios de la posmodernidad, queremos tractores e internet”.
Eso arriba. O abajo: Evo es la revolución.
“Las logias neoliberales controlan los medios de comunicación pero hay que avanzar ¿por qué tener miedo?”, inquiere Zacarías Maqueda dirigente campesino del área urbana. “Defenderemos el proceso de cambio así tengamos que morir”.
Por las calles de La Paz, en la autopista que conduce a El Alto, en los barrios populares de todo el país, las pintadas son elocuentes: “La Revolución no se detiene”, “Nadie para el cambio”, “Evo es Revolución”, “Evo, Si”. “Gracias presidente por el Bono Juancito Pinto y la Renta Dignidad”.
Domingo de gloria
La prohibición de circulación el día del comicio hizo que las calles se convirtieran en canchas de fútbol, patio de juegos, comedores comunitarios y ferias. Por la tardecita, con los primeros cómputos del conteo rápido, la Plaza Murillo comenzó a llenarse. Caras de felicidad, pancartas en apoyo al Presidente, banderas de Bolivia y de los pueblos originarios que daban cuenta de que lo que se estaba viviendo era histórico. Los carteles también expresaban el repudio a la oligarquía del Departamento de Santa Cruz y de los de la llamada Media Luna por sus intentos divisionistas y xenófobos: “Bolivia, unida, grande y para todos”.
Fuegos de artificios, ondear de banderas y consignas a favor del gobierno se hicieron sentir hasta que la multitud estalló cuando a las 20.48 Evo, García Linera ministros y colaboradores salieron al balcón del Palacio Presidencial.
“Bolivia ha vivido un día histórico por su participación tan espontánea en esta etapa de profundización democrática. Hemos realizado el primer Referéndum Revocatorio de la historia. Saludo esa decisión democrática”, dijo. A lo cual toda la plaza atronó una y otra vez: “Evo se respeta”.
El líder también señaló: “Lo que expresó el pueblo es la continuación de este proceso de cambio para seguir con la recuperación de los recursos naturales, de las empresas del Estado y las nacionalizaciones” que faltan. Y bramó: “Este mandato será respetado (…) para que Bolivia tenga dignidad, igualdad”.
Morales habló de la importancia del pueblo y las organizaciones sociales para consolidar esta revolución: “No habrá ningún chapulín colorado que salve a la patria, solo la conciencia del pueblo salvará a la patria”. Y en ese sentido añadió: “Lo primero es la patria y el pueblo, no se puede gobernar con mezquindades”.
Y cerró con un grito de resistencia y compromiso: “¡Patria o muerte, venceremos!”.
Ya noche larga, la gente seguía bailando y festejando al ritmo de grupos musicales. Mostrando el orgullo de los históricos excluidos de Bolivia, quienes hoy se sienten protagonistas y beneficiarios por primera vez en su historia de sus derechos. Porque como dijo Evo: “La gestión del Estado es muy difícil, podemos tardar, equivocarnos, pero nunca traicionar”.
Toda Bolivia dijo SI
Si ya en el 2005 Evo Morales Ayma hizo historia al alzarse con el 53,7% de los votos. El 10 de agosto, en el Referéndum Revocatorio de Mandato, rompió aún más esa barrera al obtener el apoyo del 67,4%. Creció en los 9 departamentos (provincias) del país y en las áreas rurales y periurbanas obtuvo apoyos cercanos al 90%, según los datos suministrados por la Corte Nacional Electoral (CNE). Además, la concurrencia a las urnas superó el 83%.
De las 112 provincias que tiene el mapa político del país, Evo Morales ganó en 95 de ellas, perdiendo sólo en 17. No perdió ni en una sola provincia de los departamentos de Potosí, La Paz, Cochabamba y Oruro.
En Chuquisaca fue ratificado en 9 de las 10 provincias, en Tarija en 5 de las 6 provincias, en Pando en 3 de las 5 provincias, en el Beni en 3 de 6 provincias y en Santa Cruz en 7 de las 15 provincias.
“La victoria de Evo Morales en el área rural de todo el país y en las regiones periurbanas de todas las capitales nos muestra una identificación simbólica cuasi indestructible entre el Presidente y su pueblo. Logró más del 80% de apoyo de los pobres en todo el país. Ellos van a defender con la vida a `su gobierno´, `a su Presidente´. No hay empate catastrófico entre el Gobierno y la derecha como algunos lo quieren hacer ver”, analiza la historiadora y periodista Lupe Cajías.
Contacto en La Paz
La convocatoria fue en el Salón de los Espejos del Palacio del Quemado (Casa de Gobierno). Allí, Evo Morales, convocó un día después del referéndum a los medios extranjeros para hacer una evaluación de los resultados. Feliz por los resultados, pero sin soberbia alguna por lo holgado de los números, ratificó el rumbo de cambios que se inició el 1 de enero de 2006 a través de la nacionalización de los hidrocarburos y el fortalecimiento de una frontera nítida con el neoliberalismo y el neocolonialismo.
“Esta revolución democrática-cultural no se detiene”, aseveró. Hizo un raconto del crecimiento político del Movimiento al Socialismo (MAS), de la campaña de satanización, criminalización y penalización a los movimientos sociales. De cómo lo acusaron de “terrorista”, “guerrillero” o “narcotraficante”, razón por lo cual “hasta lloré en mi casa de Cochabamba preguntándome porqué recibía este castigo”.
Fustigó a la derecha que “le hace una guerra permanente al Gobierno Nacional, que no aceptan ni acuerdos ni consensos ni voto del pueblo. En la cultura indígena usamos el consenso. En la cultura indígena ser autoridad es servir al pueblo”. Y trajo otro recuerdo central de su vida política. En 1988 cuando lo nombran secretario ejecutivo de la Federación del Trópico Cochabambino “un abogado me dice: `tienes dos años para aprovechar´. Era doctor con corbata. Mi mente se negaba a lo que me estaba aconsejando. Imagínense si yo entraba en esa sugerencia de corrupción. Y eso persiste. Hay autoridad que sólo piensa en él, en su grupo y no en Bolivia”.
Nazis
Protegidos por las instituciones del departamento de Santa Cruz, la Unión Juvenil Cruceñista y la Falange Socialista Boliviana salen con palos, bates de beisbol y escudos tipo policial en sus lujosas motos y 4 x 4 a apalear “indios y masistas”. Durante las elecciones se han apostado con toda su parnafernalia racista y xenófoba a las puertas del barrio Plan 3000 en el conurbano de la ciudad de Santa Cruz a intimidar a los pobladores del lugar que apoyan de manera masiva a Evo. A estos grupos se les han visto estandartes nazis en sus autos y vestimentas.
El periodista Edgar Ramos califica de “tenebrosas” a estas formaciones con tintes paramilitares. Dice que son “producto de la ideología predominante en la prefectura y las instituciones de Santa Cruz” y recuerda una propuesta macabra de estos hombres blancos del Oriente boliviano: “La noche del 17 de octubre de 2003, el presidente del Comité Pro Santa Cruz, Rubén Costas Aguilera (hoy máxima autoridad del Departamento), le ofreció al presidente fugitivo Gonzalo Sánchez gobernar desde Santa Cruz sin importarles los más de 60 muertos y 400 heridos del `Octubre Negro´ boliviano´».
“Evo y yo, hoy podemos aspirar a la misma mujer”
El vicepresidente de la nación, Alvaro García Linera, es uno de los intelectuales más preponderantes de Bolivia. Este matemático fundó en los 90 el Ejército Guerrillero Tupac Katari por lo que debió padecer cinco años de cárcel en donde se forjó como autodidacta en la sociología. El mismo día de las elecciones recibió a tempranas horas de la mañana a la prensa en el Palacio de la Vicepresidencia. A pesar de la trascendencia del día, luego de la ronda con los medios, ofrece una charla distendida sobre algo más que la coyuntura.
“En estos tres años, esta generación ha asumido la responsabilidad de resolver tres deudas históricas: la igualdad entre los ciudadanos dejando atrás una deuda histórica desde los tiempos de la colonia; la descentralización del poder; y la capacidad de generar distribución de los recursos. En otros países como Sudáfrica o los Estados Unidos, una sola de estas cosas han generado guerras civiles y aquí se están resolviendo democráticamente”.
“El pueblo siempre ha resuelto las incertidumbres, los analistas las complican. Estas no se resuelven entre cuatro paredes. Hay que confiar en el voto, en la sabiduría del pueblo que con el voto nos va a dar las señales”.
“Hay cambios políticos-culturales que están dejando atrás la memoria neoliberal, colonial. Siempre hubo una limitación en las competencias estatales de muchos aspirantes indígenas o campesinos y la explicación es la segmentación étnica de las carreras universitarias. Los cuadros indígenas van hacia las ciencias sociales; en tanto que las áreas más duras de la economía están restringidas a entornos mestizos. Pero hoy eso está cambiando. Hoy el Presidente, que es indígena y yo, que soy mestizo, podemos aspirar a la misma mujer”.
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