Astronautas del socavón


Los 33

13 de octubre del 2010

Fueron 70 días soterrados a 622 metros de profundidad, 84 por ciento de humedad y 30 grados de temperatura en un yacimiento en el norte andino de Chile. Sin embargo, Luis Urzúa, el último de los 33 mineros en salir a la superficie, con lucidez extrema, dijo al presidente Piñeira: “Espero que esto nunca más vuelva a ocurrir”.

Palabra de jefe. Desde el Campamento Esperanza, a la vera de la mina San José, bajo el desierto de Atacama, en norte de Chile, Luis Urzúa habló, con la autoridad de los años, la experiencia y el liderazgo que ejerció sobre los 32 hombres que sobrevivieron a 70 días en las entrañas de la tierra. Como dijo el Che Guevara pocas horas antes de ser asesinado en Bolivia: “Yo creo en el hombre”. ¡Y cómo hay que creer en los 33!

Urzúa, jefe del turno que comenzó el 5 de agosto y que terminó el miércoles la noche, emergió de la capsula -parecida a un cohete unipersonal- para entregar la guardia a la primera autoridad de Chile, el presidente Sebastián Piñera, pero sin dejar de advertirle antes, que cosas como estas no pueden volver a ocurrir. Apuntaba claramente contra los empresarios, que piensan más en las ganancias que en el bienestar de los trabajadores; y contra el Estado, que mira para otro lado en vez de controlar a estos mercaderes del dinero.

La hazaña más vista en la historia de la televisión debe servir ahora para sacar algunos trapitos pútridos al sol. Es tiempo de escribir las crónica de las secuelas del promocionado “milagro chileno”.

Chile es un país de espejismos: loas al modelo, a sus economía y a sus números macro, pero por debajo, cuando el oasis se vuelve arena, aparecen el millón de trabajadores en precariedad laboral, sin derechos ni seguridad social; de los reconocidos por ley, solo negocia colectivamente el 8,3%. La subcontratación para trabajos del mismo tipo por parte de la empresa principal está permitida por ley, los trabajadores subcontratados realizan iguales funciones que el resto, pero reciben hasta 40 por ciento menos de sueldo y no gozan de los beneficios de aquellos contratados por las empresas mandantes. Y así continúan los informes de la Fundación Instituto de Estudios Laborales de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Mujeres y jóvenes padecen en mayor grado la precariedad laboral. Existen 500 mil familias que viven sólo del ingreso de mujeres.

Esta noche la pesadilla trocó en gloria. Pero ¡prohibido olvidar!: la explotación es moneda corriente en el sector que Salvador Allende denominó “el sueldo de Chile”, el cobre, principal recurso del país, que viene registrando en los últimos años cifras históricas de crecimiento.

La explotación del metal tiene un dominio estatal a través de Codelco, pero la extranjerización creció. Consorcios extranjeros obtuvieron utilidades astronómicas pero las regalías no llegan a los trabajadores. En junio de 2007 se realizó una de las huelgas más importantes del sector. Cerca de 30.000 trabajadores subcontratistas del cobre pararon para exigir un trato justo por parte de Codelco; es que recibían apenas un cuarto de lo que ganan los trabajadores de planta de Codelco por las mismas funciones.

Otra frase de Arzúa fue aleccionadora sobre el comportamiento empresario. Mientras estaban bajo tierra escucharon signos de actividad cerca, golpes ¿el rescate? ¿la búsqueda de sobrevivientes? “Cuando escuchamos ruido, unos días después, pensamos que estaban trabajando en la mina”, contó con crudeza.

Y en momentos que se habla de números mágicos. No se puede olvidar el número trágico que deja como saldo la explotación en el sector minero. Es verdad han sido 33 los sobrevivientes en Copiapó, pero solo en Chile en 2010 ya son 32 los muertos en la actividad.

La historia de Urzúa, que salió a la luz por la hiperexposición, es el relato de los golpes sufridos por la clase trabajadora en América latina. Su padre era dirigente sindical del Partido Comunista. La dictadura de Augusto Pinochet lo despareció. Muy poquito después, en octubre de 1973, su padrastro, Benito Tapia, dirigente sindical de los mineros del cobre y miembro del Comité Central de las Juventudes Socialistas fue asesinado en el cementerio de Copiapó y enterrado en una fosa común.

En el fondo de la tierra toda esa historia hizo líder a Urzúa. Fueron 70 días soterrados a 622 metros de profundidad, 84 por ciento de humedad y 30 grados de temperatura bajo el desierto de Atacama.

“Los 33 estamos bien”, escribieron el 17 de agosto; el 13 de octubre salieron los 33 bajo el grito “¡Chi-chi-chi, le, le, le; mineros de Chile!”

Posdata: El escritor del «dolor humano», el gran innovador de las letras, peruano Ceśar Vallejo (1892-1938) escribió hace mucho tiempo, más de 75 años, el poema «Los mineros salieron de la mina», publicada póstumamente. Parece escrito ayer.

Los mineros salieron de la mina
remontando sus ruinas venideras,
fajaron su salud con estampidos
y, elaborando su función mental
cerraron con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo.

¡Era de ver sus polvos corrosivos!
¡Era de oír sus óxidos de altura!
Cuñas de boca, yunques de boca, aparatos de boca (¡Es formidable!)

El orden de sus túmulos,
sus inducciones plásticas, sus respuestas corales,
agolpáronse al pie de ígneos percances
y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes,
imbuidos
del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño.

Craneados de labor,
y calzados de cuero de vizcacha,
calzados de senderos infinitos,
y los ojos de físico llorar,
creadores de la profundidad,
saben, a cielo intermitente de escalera,
bajar mirando para arriba,
saben subir mirando para abajo.

¡Loor al antiguo juego de su naturaleza,
a sus insomnes órganos, a su saliva rústica!
¡Temple, filo y punta, a sus pestañas!
¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios!
¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas!
¡Mujeres hasta abajo, sus mujeres!
¡Mucha felicidad para los suyos!
¡Son algo portentoso, los mineros
remontando sus ruinas venideras,
elaborando su función mental
y abriendo con sus voces
el socavón, en forma de síntoma profundo!
¡Loor a su naturaleza amarillenta,
a su linterna mágica,
a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos,
a sus ojazos de seis nervios ópticos
y a sus hijos que juegan en la iglesia
y a sus tácitos padres infantiles!
¡Salud, oh creadores de la profundidad…! (Es formidable.)

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categoría: américa latina