A la administración de George W. Bush le queda poco tiempo de mandato y se hunde en los pantanos de Irak y Afganistán y en una colosal crisis hipotecaria, pero los últimos estertores los está usando para conspirar en esta parte de la región. Y para muestra basta un botón del accionar militar en América latina: masacres, separatismo y financiamiento ilegal en Bolivia; intentos de golpe de Estado en Paraguay y Venezuela; y escuchas telefónicas al propio Presidente en Guatemala.
¡Evo se respeta!
Los brutales intentos separatistas y golpistas en Bolivia generaron el más amplio repudio internacional. La masacre en el departamento amazónico de Pando, en la que 30 campesinos leales al presidente Evo Morales Ayma fueron asesinados por bandas paramilitares organizadas por el prefecto Leopoldo Fernández –hoy detenido en una cárcel de La Paz–, la toma de edificios públicos, y los bloques y cortes de ruta, mostraron cabalmente la naturaleza macabra de la oposición al proceso de cambio en Bolivia.
La escala de tensiones no cedió a pesar de la abrumadora victoria (67,4%) de Morales en el Referéndum Revocatorio del 10 de agosto, cuando los sectores de la derecha decidieron continuar con sus prácticas antidemocráticas.
Antes, a fines de junio productores de coca de la región de Cochabamba expulsaron de la región central de Chapare a la agencia estadounidense de cooperación Usaid, por sus actividades conspirativas. Y luego, el presidente declaró “persona no grata” y expulsó al embajador estadounidense, Phillip Goldberg, por sus encuentros secretos con la oposición y su probada capacidad para dividir naciones cuando este “trabajó” desde Kosovo para la separación de los Estados de Serbia y Montenegro, que se produjo en junio del año pasado como el último resabio en la desaparición de Yugoslavia.
Uno de los hitos de estos aciagos momentos fue el que dieron los presidentes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con un respaldo total a Morales Ayma y el acuerdo para conformar una comisión que investigue la masacre ocurrida en el departamento de Pando. “Los respectivos gobiernos rechazan enérgicamente y no reconocerán cualquier situación que intente un golpe civil y la ruptura del orden institucional y que comprometa la unidad territorial de la república de Bolivia», al tiempo que condenaron el ataque a instalaciones públicas por parte de «grupos que buscan la desestabilización”.
En tanto el 23 de septiembre el Jefe de Estado boliviano denunció los intentos desestabilizadores en la 63ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas y lamentó que mientras gobiernos de América Latina y de Europa condenaron el intento de desestabilización a su Gobierno legalmente constituido y refrendado con el apoyo de dos tercios de su población votante el pasado 10 de agosto, Estados Unidos haya mantenido un silencio sospechoso. Indicó que mientras el presidente Bush condenó en ese foro mundial, horas antes de su intervención, al terrorismo, los actos terroristas protagonizados por miembros de la derecha fascista y racista en Bolivia no haya merecido una similar actitud.
Fantasmas de tiempos tenebrosos
El plan es simple: que el presidente del Paraguay Fernando Lugo no pueda gobernar. Y no fueron cuatros trasnochados quienes denunciaron esta conspiración, sino el general Máximo Díaz Cáceres –enlace de las fuerzas armadas con el parlamento–, quien informó al mandatario que el domingo 31 de agosto fue invitado a participar de una reunión convocada por el presidente de la Cámara de Diputados, Enrique González Quintana, y realizada en el domicilio del ex general Lino Oviedo. También estaban allí el antecesor de Lugo, Nicanor Duarte Frutos; el fiscal general de la nación, Rubén Candia; el presidente de la Corte Electoral, Juan Manuel Morales; y el abogado Lesli Olmedo. Al percibir el carácter de la reunión Díaz se fue: “Me preguntaron acerca de la opinión que tenemos los militares sobre la actual crisis parlamentaria, ante lo cual opté por retirarme, dado que pertenezco a un estamento al que la Constitución le impide pronunciarse en política y porque deseo que mi país comience a vivir en democracia y en aplicación de la ley”, afirmó.
En la edición del semanario uruguayo Brecha del 5 de septiembre dan cuenta de otro hecho que se suma a este: “La decisión de la Suprema Corte de Justicia, reducto ultrareaccionario si lo hay, de liberar a los dueños del supermercado Ycua Bolaños, responsables, hace cuatro años, de la muerte de 400 personas en la mayor tragedia del país en tiempos de paz. Como era de esperar, los familiares de las víctimas reaccionaron, y fueron reprimidos por una policía que desobedeció la orden expresa de no actuar del nuevo ministro del Interior, Rafael Filizzola”. Según analistas locales, la liberación de los empresarios y la acción obedecen al mismo plan de desestabilización de Lugo.
Y otro hecho que habría molestado a los “conspiradores” fue el informe de la Comisión de Verdad y Justicia que no sólo puso a la luz las miles de víctimas de la dictadura de Alfredo Stroessner, sino también el desfalco económico, el enriquecimiento ilícito y el desguace del Estado.
El enemigo en casa
La denuncia del presidente de Guatemala Alvaro Colom sobre escuchas telefónicas en su propio despacho rozó a los más altas esferas de la jerarquía oficial, cuando Juzgado Primero de Primera Instancia Penal de Guatemala giró orden de captura contra dos hombres de confianza del mandatario: los titulares de las secretarías de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS) y la Secretaría de Asuntos Estratégicos (SAE), considerados espacio vitales en aspectos de seguridad nacional.
Los delitos por los que se acusa Carlos Quintanillla (SAAS) y Gustavo Solano (SAE) son espionaje, revelación de secretos e interceptación de comunicaciones.
Se hallaron una serie de aparatos para escuchas telefónicas y grabación de videos en la Casa Presidencial, en su dormitorio y en su despacho privado.
Nostalgias del 2002
El 10 de septiembre, el programa La Hojilla, que emite Venezolana de Televisión, puso al aire una serie de grabaciones de audio donde militares retirados y en actividad se confabulan para dar un golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez e, incluso, asesinarlo y sugieren el mismo método utilizado Torrijos murió cuando misteriosamente su aeronave, una DeHavilland Twin Otter (DHC-6), explotó en pleno vuelo, el 31 de julio de 1981. Investigaciones realizadas sugieren el concurso de la CIA en ese hecho.
«Evidentemente, ahí hay una conspiración. Nosotros venimos siguiendo eso desde hace ya cierto tiempo. El país no sabe cuántas conspiraciones nosotros hemos desmontado», dijo el mandatario venezolano, quien agregó que hay varios detenidos y el ministro de Defensa ha ordenado abrir una averiguación a través de la Fiscalía militar».
La Hojilla identificó a los conspiradores como Wilfredo Barroso Herrera, general de división del Ejército; el vicealmirante Carlos Millán Millán y el general de brigada de la Aviación Eduardo Baez Torrealba. Barroso Herrera dice: “Vamos a tomar el Palacio de Miraflores, vamos a tomar las plantas televisoras. El objetivo tiene que ser uno solo (…) ese esfuerzo de unidad tiene que ser hacia el Palacio de Miraflores (Casa de Gobierno), porque es la unidad de combate”, y habla de Chávez. como “el señor”, refiriéndose al presidente Hugo Chávez. “Si está en Miraflores hacia allá hacemos el esfuerzo de combate”.
En tanto que Baez Torrealba se refirió a cuestiones logísticas y que la operación estaba dividida “en cuatro zonas: oriente, occidente y dos centrales” y que contaba con “comandantes, adentro; coroneles, afuera y lo más importante es los pilotos, hay uno que tiene mil horas de vuelo y otro es instructor (…) y al comandante de la policía aérea”. Hasta se da el lujo de “volarlo o capturarlo con aviones en el aire”, como un plan paralelo a la toma del Miraflores “que es el (plan) apropiado”.
En 2002 Chávez fue sacado brevemente del poder, pero el pueblo en la calle repuso al Jefe de Estado en su legítimo lugar. Desde entonces el gobierno venezolano ha denunciado permanentemente supuestas conspiraciones e intentos de magnicidio.
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