Crónicas del Gran Rosario


Acá nadie se rinde

18 de mayo del 2009

Gran Rosario. La capital industrial del país. Un mundo de fábricas que parece nunca terminar. Un cosmos de olores que permite distinguir a las aceiteras de las autopartistas. En el horizonte se recortan moles de chapa, chimeneas al cielo, silos, caravanas de camiones atareando las rutas, barrios serpenteando circunvalación, aglomerados que se extienden hacia el este con el río Paraná y las islas entrerrianas.

Y hacia el populoso norte hasta Puerto General San Martín, el último de aguas profundas sobre el río, a 27 kilómetros del centro de Rosario; al oeste hasta la localidad de Roldán, a 21 kilómetros, y al sur hasta la ciudad de Villa Gobernador Gálvez, a 9 kilómetros del centro de la ciudad y más al sur aún el conurbano sigue su crecimiento en Alvear y Pueblo Esther. El Gran Rosario parece interminable, para el punto cardinal donde uno vaya el cordón de industrias sigue y sigue. En dos días fueron más de 200 kilómetros recorridos, al volante Raúl Daz, y como copiloto Gustavo Chevenier, compañeros de la CTA, expertos guías en esto de descifrar en detalle los contornos y secretos de este mundo cargado.

Tomamos viejas y nuevas rutas, calles de tierra y autopistas. Traspasamos las fábricas tomadas, mateamos con los trabajadores despedidos que sueñan con volver a entrar por aquel umbral, con aquellos que ganaron batallas, con otros que empardaron en cruzadas desiguales y con los que jamás se resignarán a perder aunque la noche sea la más oscura.

Fuimos a las fábricas, a los sindicatos y a sus casas. Ni el cielo gris encapotado les agrieta las ilusiones. Ahí están Viviana Faoro, Claudio Maldonado, Juan Quiñones, Sergio Kervin, Raúl Manzarel contando la huida de los dueños de la empresa mientras nos cuentan el funcionamiento de una planta que produce desde amortiguadores hasta aros para barcos.

Hay trabajadores de más de 30 años de antigüedad que recuerdan los viejos tiempos y vieron llegar el deterioro de las nuevas condiciones que impuso Malhe. Relatan: “Las chicas que estaban en Exportación fueron las primeras que se dieron cuenta de que algo raro pasaba porque pedidos de Estados Unidos que se podían hacer acá lo llevaban a la planta de Brasil a pesar de los costos más caros que eso implicaba. Por ejemplo: por diez mil aros con recubrimiento hubo una ganancia de 250.000 dólares, entonces no se entienda esa actitud”. Y así, sigilosamente, la autopartista dejó de funcionar un 24 de abril, como muestra latente de esta huida de roedor están las fechas de entrega de numerosos pedidos: febrero, marzo, abril y hasta mayo.

“Los delegados se enteraron de casualidad que la empresa había firmado el cierre de la fábrica y fue un voz a voz por celular y ahí tomamos la fábrica pacíficamente para que no se puedan llevar nada y está intacta como quedó el último día que se trabajó y está para que ya mismo se vuelva a trabajar”

O Angel Cambursano y Guillermo Garfagnoli, dos de los siete delegados de la Comisión Interna Negociadora de la fábrica de llantas de Fighieras, que fueron despedidos por organizarse gremialmente y hoy la yugan a changas y sin embargo no abandonan el sueño de volver. “Esto arrancó en 2008 que los 106 empleados éramos todos temporarios, no había ninguna categoría, el que hablaba o estaba disconforme con lo que decía el encargado lo echaban. El fervor se fue acumulando después de 11 años la gente se cansó y ahí surge la Comisión Negociadora avalados por el Ministerio de Trabajo y empezamos a hablar con el patrón a pedir cosas, conseguimos categorías, salarios, turnos. Pero este año cuando volvimos a hacer los pedidos correspondientes para 2009 se retobaron y mandaron cuatro telegramas de despidos, casualmente los cuatro a miembros de la Comisión Negociadora”, evoca Angel. Ahora está el conflicto grande, siguen peleando por volver

También los rostros duros de Rolando López, Ramón Godoy, Carlos Vázquez y Leonardo De Greco que se armaron de paciencia y corazón en tres meses de lucha para que Paraná Metal nuevamente abriera sus puertas a los 1.200 cesanteados. Estamos en Villa Constitución, a 50 kilómetros de Rosario, en la sede de la histórica UOM Villa. Narran: “El 10 de diciembre la patronal abandona completamente la planta. Nosotros montamos una carpa e hicimos guardia para cuidar la planta porque no podíamos dejarla como hicieron ellos y robarse las maquinarias o el cobre por eso montamos guardias mañana, tarde y noche. La resistencia dio sus frutos y después de casi tres meses logramos volver, hay un nuevo inversor, logramos que la totalidad de los 1.200 trabajadores pudimos volver a trabajar aunque con menor nivel de producción pero nosotros mismos definimos rotar los turnos para que todos trabajen y también cobramos los 1.500 pesos que nos adeudaba la patronal”.

Y Ahí están los resistentes en General Motors, en Cotar, en Nestlé, en las aceiteras que son ejemplo de que la crisis es excusa y consiguieron aumentos históricos. Los petroquímicos, ceramistas, papeleros, frigoríficos, carroceros, portuarios, cosechadores y tractores, los de Fábrica Militar. Nadie abandona.

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