Como en un juego de luces, Europa decidió pagar con mezquindad y oscurantismo, al continente de brazos abiertos que fue América Latina para los nacidos en el viejo continente en épocas de hambruna y guerras.
La ley denominada “Directiva de Retorno”, que recibió el beneplácito de los Gobiernos de los 27 países de la Unión Europea (UE) y fue aprobada por el Europarlamento el 18 de junio, prevé la expulsión de inmigrantes, establece un periodo de detención de hasta 18 meses y una prohibición por cinco años para volver. Incluso deja en el desamparo a los menores de edad.
A más de un mes de la aprobación por parte del Parlamento Europeo, de la «Directiva de Retorno», los ecos críticos aún continúan. Desde presidentes, intelectuales, líderes sociales y todo tipo de organizaciones se han pronunciado en contra de esta norma eleva a la categoría de criminales a los migrantes, a quienes se puede detener sin previa orden judicial aunque no hayan cometido ningún delito, recluirlos hasta 18 meses y si son expulsados no podrán volver a la UE en cinco años. Para colmo, los menores que estén solos podrán ser expulsados a países que no son necesariamente los de su origen, o entregados a un tutor que no sea su familiar directo. Indeseables, clandestinos, parias. La Europa “iluminada” mandó a limpiar de escoria su reducto.
Mi papá se agarra la cabeza y hace con su cabeza un gesto de reprobación. Llegó en 1949 de España. Tenía 5 años. Vino con su familia. Gran parte de ella se radicó en la Argentina. Muchos de ellos republicanos. Pelearon en la Guerra Civil española (1936-1939) contra Franco.
No puede creer que los europeos le paguen así a Latinoamérica. Acá llegaron todos los que quisieron sin pasaportes ni papeles ni recomendaciones. “Con una mano adelante y la otra atrás”, como dice el dicho popular. A principios del siglo XX, la población migrante era de casi el 30%. Los Vázquez que cruzaron el océano en tiempo de barcos, se quedaron en la Argentina, tuvieron hijos, nietos y bisnietos. No hay directiva que los obligue a volver. Echaron raíces sólidas.
En torno a esta medida variados argumentos exóticos han estigmatizado a los inmigrantes. Desde el que les quitan el trabajo a los nativos hasta que son todos delincuentes. No obstante, un estudio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) demuestra que los inmigrantes no suponen una competencia laboral para los oriundos, ni provocan una caída de los salarios. Todo lo contrario: los inmigrantes latinos suelen realizar tareas que los nativos no quieren realizar como aquellas vinculadas con la agricultura, ganadería, trabajos manuales y de servicios, y que en muchos casos reciben un salario por debajo de lo que establece la ley.
Además los inmigrantes que habitan los países centrales, no solo incrementan la demanda de bienes y servicios generando beneficios tanto al país como a su población, sino que también dichos países se ven beneficiados por la descarga en el sistema de pensiones, contrarrestando asimismo el crecimiento negativo de la población.
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