Desastre ecológico en el Golfo de México


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28 de julio del 2010

Impunidad y permisividad son dos características que se fusionaron en el peor desastre petrolero en la historia de los Estados Unidos por el derrame de crudo provocado por la explosión de la plataforma Deepwater Horizon de la empresa British Petroleum (BP).

Impunidad porque los emporios del sector se niegan sistemáticamente a los controles estatales y permisividad porque los gobiernos suelen ceder a estos caprichos de los poderosos.

El 20 de abril a 80 kilómetros de la costa de Venice, en Lousiana, Estados Unidos, una explosión arrasó con la torre de perforación Deepwater Horizon de la empresa British Petroleum (BP). Once trabajadores murieron, diecisiete resultaron heridos. Como una imagen surrealista un chorro negro de enormes dimensiones comenzó a expandirse a 1.500 metros de la superficie del océano contaminando todo a su paso. Una catástrofe que será mortal, no solo para el ecosistema, sino también para los millones de habitantes que han construido su vida en torno a la industria pesquera.

La falta de controles y regulaciones por parte BP (es decir, su falta total de ética) derivó en la imposibildad de controlar la fuga de petroleo en el Golfo de México que derramó unos 60.000 barriles de crudo en el fondo del mar destruyendo toda la vida marítima de la zona. Los perjuicios se extienden a cuatro estados estadounidenses (Louisiana, Alabama, Mississippi y Florida) y en México a cinco regiones (Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán). A pesar de sus intentos British Petroleum aún no ha podido controlar la fuga y ya ha tenido que pagar indemnizaciones a cientos de miles de demandantes.

Un equipo de investigación de Greenpeace México que recorrió la zona señaló que hay daños a “pesquerías de camarón, atún aleta azul, atún aleta amarilla, sierra, salmón, tiburón, ostión y otras variedades de ostras que podrían estar contaminadas , si no por el derrame, sí como producto del uso de los dispersantes, que son muy tóxicos. Este es un grave golpe para la economía de ambas naciones ya que las pesquerías en el Golfo de México contribuyen con el 40 por ciento del total del volumen pescado en México y con el 15,65 por ciento para los Estados Unidos”.

Continua el informe: “En el Golfo de México hay cinco millones de de acres de humedales que son áreas de crianza para muchos de los peces e invertebrados y hábitat para tres cuartas partes de las aves migratorias que cruzan de Estados Unidos a México. Ahí conviven 400 especies que están en peligro, entre mamíferos rorcuales (una especie de ballena), delfines, manatíes, pelícanos blanco y marrón, garzas, alcatraces, tortugas, águila pescadora, cocodrilos y decenas de variedades de insectos, cientos de peces y crustáceos”.

Asimismo el periodista independiente Dahr Jamail ha denunciado que la Guardia Costera de Estados Unidos, que trabaja en coordinación con BP, establece nuevas restricciones a la cobertura periodística del derrame petrolero: “Los periodistas pueden recibir multas de hasta 40.000 dólares o penas de prisión de entre uno y cinco años si violan la regla que les impide acercarse a menos de 20 metros de cualquier bomba o embarcación de limpieza”, detalló. “El Comando Unificado, creado por el gobierno de Barack Obama para atender la situación ambiental, arguye que se trata de una `zona de seguridad’ y que cualquier intruso puede obstaculizar las tareas”.

Jamail sacó a la luz también la preocupación por la manipulación que BP estaría haciendo sobre el alcance de la catástrofe ya que el emporio inglés provee la mayor parte de la financiación para estudiar los efectos del desastre petrolero, y ha prometido 500 millones de dólares para proyectos de investigación y de restauración: “Robert Gagosian es presidente del Consorcio para Liderazgo Oceánico, que representa a instituciones dedicadas a la investigación de océanos y acuarios, y administra un programa de investigación sobre perforación marítima. El experto está preocupado sobre cómo está siendo utilizado el dinero. Sus temores, compartidos con otros científicos e investigadores, radican en el interés de BP en preservar su negocio. También dudan si se usará un criterio adecuado para evaluar qué investigaciones llevar a cabo”.

Millones de personas que desarrollan su vida en torno al mar y su entorno se verán afectadas por la voracidad del gigante petrolero británico. El propio presidente norteamericano Barack Obama admitió que “una de las lecciones que aprendimos de este derrame es que necesitamos mejores regulaciones, mejores estándares de seguridad y mejor aplicación en las excavaciones petroleras en mar abierto”. En principio ya ordenó el cese temporario de la exploración y explotación en aguas profundas.

En 1989 en Alaska también se produjo una calamidad cuando el Exxon Valdes derramó unos 41 millones de petroleo que se extendieron por 2.000 kilómetros de costa luego de golpear contra un arrecife de coral. Lo que demuestra la impunidad de las empresas petroleras en su accionar y la impericia de los gobiernos para ponerles límites y regulaciones a las empresas del sector.

Por su parte, como el miedo no es zonzo, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México teme que la mancha negra llegue a sus costas en diciembre próximo y aseguró que demandará a BP por el derrame y anunció medidas de inspección en sus plataformas petroleras en el mar.

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categoría: mundo