“El Evo” y “El Pepe”. Así los llaman, sin protocolo, sus pueblos. Porque nacieron de sus entrañas. Hay identificación. Son la contracara de los políticos clásicos, tibios, que reproducen rituales agotados en un micromundo sin vuelo. Son los presidentes electos de Bolivia y Uruguay.
Un tránsito pesado, aburrido, formal. Dispositivos de poder que intentan cercenar los cambios, el ímpetu popular, los sueños de felicidad, las ideas. Viven en mundos pequeños compartimentados, sin contacto con la vida real.
En algunos lugares esos entramados corroídos se han resquebrajado para dar paso a un devenir cultural novedoso, pero que a la vez porta con tradiciones de viejos buenos tiempos que algunos creían sepultado; un lenguaje que enriquece los vínculos humanos, donde el colectivo se impone sobre las concepciones individualistas.
En el supermercado del neoliberalismo los seres humanos son clasificados, inventariados, etiquetados. En las calles de Bolivia y Uruguay late un pueblo feliz que eligió el camino de la confluencia, del cruce de caminos, dos continuidades fundamentales para el nuevo camino que se intenta construir en América Latina.
Intentaron cortar de raíz, las pertenencias, los vínculos de solidaridad, pero en Bolivia y Uruguay en este 2010 decidieron que sigan forjando sus destinos los que sienten su tierra, la respetan, la veneran y la consideran parte del ciclo vital de la vida. El pueblo, por abrumadora mayoría ratificó dos vías: en Bolivia dijo sí a la continuidad por un período más del presidente y líder cocalero Evo Morales Ayma; en Uruguay eligió al segundo gobierno del Frente Amplio, esta vez con un viejo guerrillero tupamaro al frente.
El imperialismo que crea ciudades encantadas, desarraigadas, aisladas, ha perecido frente a los barrios populares donde la vida transcurre. La pura mortalidad de los seres que toman decisiones, por lo tanto, riesgos. Para el capitalismo la razón de su existencia, de su supervivencia, es la destrucción de los vínculos sociales.
No se borraron. No hablaron alto cuando nada pasaba y si lo hicieron cuando todo ardía. No se ocultaron. Mostraron su rabia. Es la voz de los silenciados, los sublevados, los que no se rinden. El pueblo rectificando la historia produce verdad. Y la verdad nos guía. Nos constituye. Hermanos abrazados que luchan por una verdad sobre la que no hay traición, sobre eso no se cede.
Varios siglos de operaciones de grupos de tareas capitalistas pretendieron expulsar al pueblo de sus lugares. Creyeron que habían sido maniobras exitosas. Pero el pueblo volvió hasta de las alcantarillas, de las catacumbas, de las cloacas.
¿Cómo borrar de la memoria la sucesión de imágenes de un pueblo festivo? Generaciones emparentadas en la pura felicidad, para gozar la continuidad de dos procesos donde ellos son los protagonistas.
El Pepe dice cosas. No resulta indiferente. Dice: “no nos vamos a olvidar de los que quedaron al costado del camino”.
También clama por integración y unidad «desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latinoamericana» porque “los dolores de nuestros hermanos son los nuestros”.
“Esto es histórico para nosotros un tupamaro es presidente”, susurra un hombre casi en lágrimas. Y es cierto, el fundador del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, una de las guerrillas urbanas más poderosas en los 70 y alguien que volvió de 11 años en las catacumbas de la dictadura es el Presidente de la República.
Es un ida y vuelta de alegría cuando Pepe agradece “a ti querido pueblo con el cual están todos los compromisos” en un día donde “casi tocamos el cielo con las manos… una generación de la cual quedan algunas reliquias (refiriéndose a él, su pasado de lucha y sus 74 años) de los que queríamos tocar el cielo con las manos”.
Y alienta: “no podemos jamás abdicar de soñar que algún día habrá en el planeta sociedades donde lo tuyo y lo mío sea lo nuestro”.
Y pide: “la mayor herencia que le podemos dar a las generaciones que vengan es que sean más capaces, más formados que nosotros”
Y convoca uno a uno al “no al odio, no a la bronca, no al escepticismo, no al no se puede, no a ese crónico criticisimo, vamos a comprometernos con la realidad, nada cambia si no cambias vos, el sujeto del cambio sos vos pueblo querido”
Y martilla: “tengo derecho a decir que los únicos derrotados son los que dejan de luchar. Viva la Patria, viva América Latina”.
“Los pueblos del mundo siempre de pie… nunca de rodillas frente al capitalismo y esa es una lucha milenaria de nuestros antepasados”, manifiesta Evo, que inició su segundo mandato enterrando los viejos símbolos del Estado liberal-colonial, afirmando el inicio de un nuevo modelo político, y ungido como guía espiritual de los pueblos originarios en la ciudad sagrada de Tiawanaku.
En Bolivia los nuevos símbolos andan por todos lados, como las whipalas (crespón de los pueblos originarios), y las figura de los héroes nacionales Tupac Katari y Bartolina Sisa.
“He aprendido en estos cuatro años en base a la sapiencia del pueblo con el que tuve un permanente contacto», dice Evo.
Por eso el compromiso es umbilical: “quien acepte debe olvidarse de su familia, no hay ni sábados ni domingos; olvídense del Karaoke”.
Convoca a luchar “primero por la patria antes que cualquier otra reivindicación. Hay que reclamar pero también saber dar por Bolivia, por la patria y por el pueblo boliviano”.
Y expresa: «El pueblo decidió dar fin con el Estado colonial para dar lugar al nacimiento del Estado Plurinacional en el que todos los bolivianos tengan pleno acceso a sus derechos constitucionales».
Y llama a trabajo y más trabajo: “si el día tuviera 30 horas, trabajaría las 30 horas porque cuando me propongo algo, lo cumplo”.
“Este proceso es sin retorno, es irreversible, no porque así lo quiera Evo Morales o el compañero (vicepresidente) Alvaro García Linera, los pueblos han decidido dignificarse y liberarse del imperialismo norteamericano. Hemos cumplido el mandato de nuestro abuelo Tupac katari que en noviembre de 1781 decía, antes de su descuartizamiento, `yo muero pero volveré millones’; hermanas y hermanos ya somos millones en Bolivia, millones en el mundo”.
“Si no escuchamos a la Madre Tierra, a todos los seres vivos que habitan esta Madre Tierra, si no escuchamos a nuestros padres, pero sobre todo si no escuchamos a los más humildes, a los más abandonados, jamás podremos aprender y por eso es tan importante escucharnos. El que escucha aprende, el que escucha cambia, el que escucha está preparado para servir a su pueblo”, argumenta.
“El vivir bien significa vivir en armonía con todos y con todo, vivir bien implica trabajar por la igualdad, por la dignidad de todas y todos”.
Es el protagonismo vital de dos pueblos, de sus organizaciones sociales. El ciclo vital de la vida.
Vital.
Vida.
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