Aquella selección maravillosa de Brasil de 1986 era comandaba por un flaco alto, barbado, que usaba una vincha para contener su cabellera abundante. Era conocido como Socrates o Doctor y en estos días dio una muestra de porque fue el forjador de una experiencia inédita en la historia del fútbol mundial.
Recuerdo su alargada estampa y su fútbol repleto de exquisitos gestos. Durante el Mundial de México 86, que consagró a Diego Maradona como el mejor de todos, Socrates lideró a una selección brasileña que deleitaba. Usaba una vincha que yo pensé que era al sólo fin de contener unos rulos endiablados, luego descubrí que en ella lucía inscripciones políticas: «Paz» y «Reagan es un asesino».
Su nombre completo es Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. Nordestino de Belém. Donde nacen los pobres más pobres. Un homenaje que su padre, lector de filosfía griega, hizo al libro “La República” de Platón. En el mundo es conocido simplemente como Sócrates o Doctor, porque es la profesión que abrazó mientras hacía goles, tacos y caños. “Nunca soñé en convertirme en un jugador profesional. Mi sueño fue siempre ser un brillante médico. Me acerqué a la medicina por una cuestión de sensibilidad social», dijo a la revista El Gráfico en una entrevista en 1990.
Jugaba al fútbol como vivía, por eso su juego era arte y militancia, comprometido con sus compañeros pero libre para crear. Como cuando eligió ser médico o se afilió al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula. Como cuando escribió un libro sobre la experiencia conocida como Democracia Corinthiana o dirigió una obra de teatro sobre el fútbol o hizo pintura y música o se calzó los cortos a los 50 años para jugar unos minutos en un ignoto equipo minero de Inglaterra. Siempre de la mano de sus ideas. Socialista a perpetuidad, porque las personas de verdad no cambian. Y hoy, a los 57 años, sigue con las mismas convicciones que lo catapultaron hace ya 30 como un futbolista distinto, en la cancha y fuera de ella.
Una revolución nació en el fútbol de Brasil a principio de los 80. Corinthians, el segundo equipo más popular del país, dinamitó las estructuras organizativas del equipo paulista con un modelo de autogestión y democracia que se forjó del acervo ideológico de Socrates.
Esta experiencia se puso en práctica en 1982 y 1983, en plena dictadura militar y se conoció como la Democracia Corinthiana. Todas las decisiones se tomaban por consenso: los horarios de entrenamiento, la comida, las contrataciones, las dimisiones, los días libres; además, se eliminaron las concentraciones. Todos formaban parte de las decisiones, desde el presidente del club hasta el utilero votaban y el voto valía por uno. No había privilegios.
El Corinthians fue también una tribuna en la pelea contra la dictadura militar. La casaca blanca del club salía a la cancha con lemas como “Democracia”, “ Directas Ya”, “Yo quiero votar para Presidente”. Las camisetas de hoy son manchadas por marcas globales.
El correlato de la Democracia Corinthiana estuvo en el éxito futbolístico al alzarse con los campeonatos de los años 82 y 83 y la elección de Sócrates como el mejor jugador de Sudamerica de 1983. El club además era superavitario.
Cuando la revista El Gráfico le preguntó a Socrates que fue la Democracia Corinthiana dijo: “una sociedad en donde el trabajador más simple tenía el mismo peso que su patrón en las votaciones colectivas. Ni en la familia existe eso. Una extrema necesidad de eliminar las diferencias sociales y las injusticias. Creo que el futuro de cualquier corporación de ese estilo pasa por algo similar”.
Y sentenció sobre la organización del fútbol actual: “extremadamente centralizadora y conservadora, cuando no reaccionaria”.
Hace unos días se conoció la noticia de que Cuba lo quiere como director técnico de su selección de fútbol. Socrates siempre ha dicho que para él Cuba es el “símbolo de un sueño” y por eso su contratación tiene una exigencia y es recibir el mismo salario que un trabajador.
“Tengo que sentirme como un cubano, recibir la misma canasta básica, las mismas cosas que ellos tienen allá, que no es poca cosa, no”.
Posdata: Socrates llamó a su sexto y último hijo Fidel, en homenaje al líder de la Revolución cubana.
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