¿Juan Carlos de Borbón creyó que América Latina es su tablero de ajedrez y que aquí sólo residen peones, a los que manda a callar? Y el Rey de España mandó a callar: ¿alguien calló? No.
La verdad no puede ser silenciada y menos aún por monarcas votados por nadie, –o mejor dicho– digitados por dictadores; en el caso de Juan Carlos Borbón fue el dedo del generalísimo Francisco Franco, omipresente déspota español desde 1939 a 1975, quien lo puso en su trono.
El 10 de noviembre en la XVII Cumbre Iberoamericana de Presidentes, en Santiago de Chile, el Borbón le espetó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez: “¿Por qué no te callas?” La ofuscación se produjo cuando el venezolano recordó un hecho público, comprobado y deleznable: que el antecesor de José Luís Rodríguez Zapatero, José María Aznar “es una fascista”, que se sumó como aliado incondicional al genocidio que Estados Unidos perpetra desde hace años en Irak y que apoyó el fallido golpe de Estado contra Chávez, en abril del 2002.
«En el 2002 era el mismo rey, no era el mismo presidente, era el mismo rey. Ahora me pregunto en este momento, será que el Rey sabía del golpe contra mí en el 2002 y por eso se enfurece cuando digo que Aznar apoyó el golpe”, reflexionó el mandatario venezolano sobre un monarca de quien el periodista español Pascual Serrano dijo: “¿Para qué sirve un rey? Para nada que no sea darle gastos a la sociedad, aparecer en las fotos y viajar en yate”.
«Nosotros tenemos 500 años aquí, en silencio», declaró Hugo Chávez, quien mostró su sorpresa por «esa furia de su majestad, un hombre maduro». “Pero que nos respeten, no se crean todavía superiores a nosotros. Todos somos iguales. hay que acabar con los viejos resabios monarquistas. No somos subalternos de ninguna corona”
Pocos fueron ajenos a este incidente. El comandante Fidel Castro sentenció: “El sábado 10 de noviembre de 2007 pasará a la historia de nuestra América como el día de la verdad. Las paredes, la distancia y el tiempo se redujeron a cero. Parecía irreal. Nunca había tenido lugar un diálogo parecido entre Jefes de Estado y de Gobierno, que en casi su totalidad representaban países saqueados durante siglos por el coloniaje y el imperialismo. Ningún hecho podía ser más didáctico”. Y lo calificó como un “Waterloo ideológico”.
«Alguien debería decirle al Rey que ya no existen vasallos en América Latina». Letal. Así habó el responsable de Relaciones Internacionales de Izquierda Unida de España, Willy Meyer, criticó de la actitud de su monarca. Paralelamente, el líder de la coalición ibérica de izquierdas, Gaspar Llamazares, sostuvo que «lo que hace Chávez es decir la verdad». «Nos recuerda a los siglos XV y XVI, y estamos en el siglo XXI».
Meyer, precisó que la Constitución española impide que el Rey «mande callar no sólo al presidente del Gobierno, sino tampoco puede hacerlo con un presidente autonómico o con un alcalde», y ha añadido que «lo que no puede hacer aquí, tampoco debe hacerlo en ningún foro internacional con presidentes elegidos democráticamente».
Pongamos que hablo…
Este descontrol monárquico encierra un sentimiento colonialista. De aquella conquista sangrienta de hace ya máas de 500 años, a la más reciente reconquista de América que tiene como grandes protagonistas a las empresas española, que como una ojiva nuclear devastaron a la región durante la ola privatizadora de los ’90, facilitada por los gobiernos neoliberales de Carlos Menem en Argentina, Alberto Fujimori en Perú, Fernando Henrique Cardoso en Brasil y por la sucesión de mandatarios en Ecuador, Venezuela, Colombia y Centroamérica.
Y en ese sentido, El nicaragüense Daniel Ortega, en la alocución que siguió a la de Chávez en la Cumbre Iberoamericana, repasó un caso emblemático: la eléctrica Unión Fenosa, que tiene una deuda de 50 millones de dólares con el Estado de Nicaragua. El líder sandinista la describió como “una estructura mafiosa, con tácticas gangsteriles dentro de la economía global, de las que son víctimas nuestros países” y no se olvidó del rol de la Embajada de España en Nicaragua que prestó en 2006 su infraestuctura para evitar que el Sandinismo vuelva al poder.
Y como para muestra basta un botón: el varias veces mandatario español Felipe González, del Partido Socialista, y Aznar, del Partido Popular, que están en veredas ideológicas aparentemente opuestas, han asumido una pétrea defensa nacional de sus empresas a pesar de las fundadas denuncias de corrupción que se extendido en este continente.
Es por eso que Meyer apuntó que «se violó claramente la neutralidad que deben de mantener las embajadas en los procesos electorales» y que debe juzgarse «al papel que determinadas empresas españolas han jugado en el ultimo periodo» ya que son «un contratiempo muy fuerte para hacer ver a los pueblos de América Latina que España y Europa no quieren jugar un rol imperial como lo hace EEUU».
Bueno. Rey “Franco”, ¡por qué no te callas!
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