Terminé de leer un libro que no se ha publicado en la Argentina pero que en Japón ha vendido 1.600.000 ejemplares en apenas dos años. La novela del escritor proletario Takiji Kobayashi fue publicada en 1929 y lo pagó con la vida. Un texto incendiario sobre un buque factoría en las aguas de Kamchatka.
La primera línea no deja dudas. Es terminante. Un pescador empapado en sake, encaramado en la barandilla de cubierta del Hakko Maru, un buque pesquero japonés de cangrejos en magras condiciones, a punto de partir hacia las aguas de Kamchatka, al este de la entonces temible -por su posible efecto contagio en derechos laborales- Unión Soviética, señala: “vamos hacia el infierno”.
A partir de allí, una tripulación de 400 obreros llegados desde todos los orígenes y las vivencias posibles (experimentados pescadores, campesinos muertos de hambre, adolescentes de la calle y estudiantes extraviados) serán explotados por el patrón y los capataces hasta límites intolerables.
La rebelión se desata a pesar de que estas fábricas de mar son custodiadas por la flota imperial del Japón.
Kobayashi describe: “los trabajadores iban a morir al mar Ojotsk, pero eso les importaba poco a los directivos que estaban en sus edificios de Marunouchi (un barrio del centro de Tokio) (…) Un cangrejero era un buque factoría (una factoría dentro de un barco) , no un barco para navegar. Por eso las leyes de navegación no le eran aplicadas. A naves que llevaban veinte años amarradas y no eran más que tambaleantes enfermos de sífilis marina, cuyo único futuro era el desguace y cuya única capacidad era la de hundirse, les aplicaban una gruesa capa de pintura con la que maquillar su exterior y lo mandaban sin ruborizarse al (puerto de) Hakodate (…) Aunque los barcos cangrejeros eran en realidad factorías, tampoco se les aplicaban las leyes válidas para las fábricas. O sea que no había lugar mejor para que hicieran lo que les da la gana”.
La denuncia contra el sistema capitalista en Japón le costó la vida al autor. Fue asesinado a los 29 años por la policía secreta.
En Kanikosen da ejemplos de la situación en los puntos más remotos del país, incluso en las colonias de Corea y Taiwán: “los mismos capitalistas sabían cosas inconfesables de lo que sucedía en esas nuevas colonias, que no se atrevían siquiera a mencionar”. También da cuenta de la superexplotación en la construcción de carreteras y ferrocarriles.
“Así surgió esa clase de explotación primitiva que a nada temía. Los dueños recogían beneficios a paladas. Y lo racionalizaron hábilmente ligándolo a frase como ‘desarrollo de la riqueza nacional’. Los capitalistas eran muy astutos. Los trabajadores perecían de hambre o les golpeaban hasta la muerte ‘en nombre de la nación’ (…) Los capitalistas usaban trabajadores, que se podían comprar más baratas que las cobayas ¡Más baratos que el papel higiénico!”, relata Kobayashi.
Su mérito: no sólo describir las inhumanidades del sistema, sino señalar el camino de la emancipación. La rebelión para terminar con la opresión. Y la unión de la clase trabajadora para tener la fuerza de vencer.
Su mensaje proletario, su relato sobre el derecho de los trabajadores lo fueron cercando. En 1926 comenzó a colaborar con el movimiento sindical y con el Partido Comunista y participó en revueltas obreras y campesinas. La publicación de Kanikosen en 1926 marcó una bisagra en su vida. Lo colocó como el gran escritor de los trabajadores, pero también lo puso en la mira de las autoridades. Fue perseguido y encarcelado en reiteradas ocasiones. Ya en 1932 empieza a publicar con seudónimo.
El 20 de febrero de 1933 fue detenido por la policía secreta. Murió al día siguiente a causas de las torturas.
Tenía 29 años. 80 años después su libro volvió con todas sus fuerzas. A otros les tocará comprender ese fenómeno.
Literatura y compromiso político en un solo hombre, en un solo libro.
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