«No era una operación pacífica, era una operación terrorista», escupió Benjamín Netanyahu al justificar el operativo militar en el que asesinaron a nueve internacionalistas. Olvida el premier israelí que la solidaridad no esta regulada por nadie y que es un atributo soberano de los pueblos.
El ataque militar de Israel contra una flotilla de seis embarcaciones que se proponía llevar ayuda humanitaria a la bloqueada población de Gaza dejó un saldo de 9 activistas muertos y decenas de heridos. Además del irreparable saldo en vidas y de la agudización de la situación que ya sufren un millón y medio de palestinos, se trata de una agresión contra el más alto ejercicio revolucionario, que es el de la solidaridad internacional.
En aguas internacionales del Mediterráneo se cometió este delito contra la Flotilla de la Libertad, en la que viajaban unos 700 integrantes de organizaciones humanitarias de varias nacionalidades y que transportaba cerca de 10.000 toneladas de ayuda humanitaria a la franja de Gaza. A pesar de estos delitos cometidos por Tel Aviv las víctimas fueron tratadas como victimarios. Al padecimiento que viven día a día los palestinos: cerco contra Gaza, la ocupación en Cisjordanía, se suma este ataque en aguas internacionales y la injuria contra el heterogéneo grupo de voluntarios.
“Los internacionalistas no piden permiso”. Lo dijo el diplomático y político mexicano Gustavo Iruegas, en referencia a los cuatro jóvenes mexicanos que murieron en el ataque del ejército colombiano el 1º de marzo de 2008 al campamento de las FARC en Ecuador. “Estaban inscriptos en la universidad; pero no, la universidad no los envió. Ni la República, ni sus padres. Tomaron una decisión propia y personalísima. Se estaban acercando al más decantado ejercicio revolucionario, el internacionalista”.
A quienes Netanyahu califica de “terroristas” representan a los miles y miles de mujeres y hombres que a lo largo de la historia de la humanidad decidieron sacrificar su vida por un ideal. Y no es un sentimiento nuevo.
La rebelión contra el sistema esclavista romano, personificado en la figura de Espartaco, contó con la participación de esclavos de muchos diversos países.
Más cerca en el tiempo la Revolución Soviética generó un gran movimiento solidario. Al igual que la Guerra Civil Española, con aquellos voluntarios que fueron retratados maravillosamente en “Los que fueron a España” por plumas destacadas como las de André Malraux, Ernest Hemingway, John Dos Passos, Pablo Neruda y Nicolás Guillén.
Las luchas de liberación latinomericanas, insurreccionales, contra las dictaduras también generaron un movimiento de solidaridad amplio que adquirió variadas formas. Los dos ejemplos más fuertes son los de Nicaragua y El Salvador. En el caso del apoyo al sandinismo, se trata de uno de los ejemplos más extendidos del hombre tendiendo su mano por una causa justa. Voluntarios de todos los puntos del planeta llegaron para ayudar a derrotar la dictadura dinástica de los Somoza.
También las luchas del Farabundo Marti en El Salvador congregaron a internacionalistas de varias nacionalidades a las tierras cálidas de centroamérica.
Iruegas define en relación a las posiciones habituales de organismos supranacionales como la OEA o la ONU que “olvidan que la revolución es un atributo de la soberanía popular que no requiere de la aprobación de nadie más que la del propio pueblo que la practica”.
Hoy es momento de recordar. De hacer memoria. Nueve internacionalistas que buscaron tender una mano a un pueblo sometido a un despiadado bloqueo cayeron por las balas de un ejército. Hay que honrar ese sacrificio en pos de la solidaridad internacional.
Como dijo el Che: “sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.
categoría: mundo
