La golpearon duro pero la reacción no fue rendirse. Ni huir. Si no ir hacia el sol de la libertad. Tal la respuesta de Cuba hace 50 años ante los bombardeos y el ataque invasor financiado por los Estados Unidos. Y tal el coraje: así nació la identidad socialista de la revolución.
Más de trescientos millones de dólares tirados a la basura en menos de tres días. Aviones, tanques, barcos y bandidos a sueldo desplazados desde Puerto Cabezas, en Nicaragua, hacia la Bahía de los Cochinos en Cuba, mordieron el polvo.
1.500 mercenarios se enviciaron en el fango de Playa Girón. El litoral sur de Cuba fue su ciénaga; Cuba rechazó en 66 horas a la brigada 2056, entrenada por la CIA y financiada por el gobierno de John F. Kennedy. Los delirantes planes se hicieron trizas ante un pueblo hecho un puño. Entre el 17 y el 19 de abril los sueños imperiales de sacarse de encima a la Revolución se volvieron pesadillas.
“Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, que hayamos hecho una revolución socialista en las narices de los Estados Unidos”, dijo Fidel Castro el 16 de abril de 1961, en el acto en el que proclamó el carácter socialista de la revolución cubana, luego del bombardeo del día anterior sobre cuatro aeropuertos en la isla. Los aviones estaban camuflados con banderas cubanas en su fuselaje para que el mundo creyera que se producía un levantamiento interno de la fuerza aérea. Paralelamente el Departamento de Estado pedía que el Consejo de Seguridad de la ONU autorizara una intervención para “resolver” la situación y la agencia de noticia norteamericana (UPI) emitía cables sobre la fuga de Fidel, la captura de Raúl, el fin del régimen. La maquinaria de la mentira asentada sobre tres bases: militar, política y comunicacional.
El plan de invasión para quitarse ese quiste insoportable en que se convirtió Cuba a partir del 1º de enero de 1959 fue ideado en marzo de 1960 por el presidente Dwight Eisenhower mediante el financiamiento para un programa de entrenamiento de paramilitares en técnicas de infiltración y asalto. Objetivo: “la sustitución del régimen de Castro con un más dedicado a los verdaderos intereses del pueblo cubano, y más aceptable a Estados Unidos, llevado a cabo de tal manera que evitara cualquier apariencia de intervención estadounidense”.
Sin embargo, 50 años después, la agencia de inteligencia norteamericana se niega a abrir los archivos y divulgar la historia completa de esta operación ilegal. Una política del espolio de siglos a base de asfixia económica, sabotajes mortales y difamaciones arteras, cuyo ensañamiento a Cuba debería avergonzar a cada ciudadano estadounidense.
En Playa Girón 147 milicianos y soldados murieron en defensa de Cuba. Jóvenes, muy jóvenes, hijos de trabajadores, de campesinos, humildes, firmes, solidarios, generosos. Morir por la patria es vivir. La senda de José Martí, de Antonio Maceo, de Mariana Grajales. Contraste de asco con los 1.500 mercenarios que fueron a cambio de dólares, armados con pistolas, fusiles, carabinas, ametralladoras, granadas, cañones y explosivos; apoyados por 16 bombarderos B-26, 8 aviones de transporte C-46, 6 aviones de transporte C-54, 5 tanques M41 además de jeeps, cañones, morteros y camiones, 8 barcos y 7 lanchas para desembarco.
Las fuerzas defensoras diezmaron gran parte del material bélico y capturaron a 1197 mercenarios. El pueblo cubano honró a sus héroes y marcó uno de los hechos bisagras de la historia de la humanidad. Repeler una invasión y devolver la afrenta con un doble golpe: que el mundo sepa que Cuba no solo no se rinde, sino que además elije su destino: identidad socialista.
Posdata:
Como dijo Maceo: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, sino perece en la lucha.”
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