La Minustah y la epidemia


Te ocupo, te vigilo, te mato, te enfermo

09 de diciembre del 2010

El poeta haitiano René Depestre escribió en el poema “El neumático incendiado” que Haití es “el primer productor mundial de desdichas y de zombis”. En este trágico ranking, ahora hay que sumarle que la intervención de las Naciones Unidas, además de las semillas del mal, ha sembrado el cólera.

El cable de la agencia de noticias AFP es terminante: “El renombrado epidemiólogo francés Renaud Piarroux dirigió el mes pasado una investigación en Haití y llegó a la conclusión de que la epidemia fue generada por una cepa importada, y se extendió desde la base nepalí” de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah). Sorprendentemente, la ONU negó esta información. El pueblo reaccionó y apedreó a las fuerzas interventoras. Hubo represión. Dos muertos. Luego, el escenario de las elecciones irregulares taparon todo.

En una reflexión de Fidel Castro publicada en la agencia Prensa Latina, este da cuenta del informe que recibió de la misión cubana en la antilla y que confirmó que “la cepa aislada corresponde a la prevaleciente en Asia y Oceanía, que es la más severa. La unida nepalesa de los cascos azules de las Naciones Unidas está situada en las orillas del río Artibonite, que atraviesa la pequeña localidad de Meyé, donde surgió la epidemia, y Mirebalais, donde se extendió después rápidamente”.

Otro capítulo más de “desdichas y zombis” para esta isla que dio el primer grito libertario del continente en 1804, que proclamó la primera república de negros en el mundo y que fue la primera en abolir la esclavitud. Ya son 17 años consecutivos de intervención en Haití. A pesar de la evidencia la Minustah siempre negó que la epidemia del cólera entrara de la mano de sus cascos azules, ¿qué otras verdades habrá ocultado? Al 7 de diciembre, la cifra de enfermos ascendía a 93.222 personas y el de pacientes fallecidos alcanzaba la cifra de 2.120. Suena a historia antigua: cuando españoles y portugueses llegaron a este continente para expoliarlo también dejaron como «obsequio» sus viruelas.

Un país apaleado como perro sin dios. Tragedias naturales y políticas mixturadas para dinamitar cualquier hendija de salida. Terremotos y dictaduras. Corrupción y huracanes. Ocupaciones y epidemias.

“Haití sufrió la intervención de siete misiones internacionales en los últimos 17 años. La Minustah, que funciona en el país desde junio de 2004, es la última de estas misiones, con un costo anual de 510 millones de dólares”, explicó el politólogo Gastón Aín, quien vivió en Puerto Príncipe en 2006-2007 (Página/12, 23-01-10).

Y más: “Haití tiene 1.125 millas de costa marina sin control de ningún tipo, ya que los puertos no pertenecen al Estado y son controlados por la elite que importa y exporta productos y que debe contratar a armadas privadas para protegerlos. El 8 por ciento de la cocaína que ingresa a Estado Unidos, 9 toneladas, pasa por Haití”.

Un grupete de familias, minúsculo, parasitario, se reparten todo: azúcares, aceites, textiles. Todo es parte de su negocio. Su cabeza, su fortuna y su bandera reside en Miami.

“La transformación de una misión de mantenimiento de la paz en una misión civil centrada en la reconstrucción y rehabilitación del aparato estatal, que implique una reducción considerable de los 8000 soldados presentes y la llegada de ingenieros, arquitectos, médicos, abogados y profesionales de la administración publica, podría representar un cambio sustancial para este sufrido país de nuestro hemisferio”, dice Aín.

Demasiadas presencias para tanta ausencia «de la única rebelión de esclavos que se transformó, en su momento (entre fines del siglo XVIII y principios del XIX) en una revolución integral, capaz de tomar el poder (…) y que fue no solamente la primera revolución independentista en la América del Sur del Río Grande, sino la social y políticamente más radical de todas ellas», como señala el sociólogo argentino Eduardo Grüner en su brillante libro «La oscuridad y las luces».

Para certificar, la Constitución Imperial de Haití (1805) que señala en su artículo 2: «la esclavitud queda abolida para siempre»; o el 3: «los ciudadanos de haitianos son hermanos unos para los otros. La igualdad a los ojos de la Ley es irrefutablemente reconocida. No pueden existir títulos, ventajas y privilegios más que los necesariamente resultantes de la consideración y compensación por servicios rendidos por la libertad y la independencia»; o el 12: «ninguna persona blanca, de cualquier nacionalidad, pondrá pie en este territorio con el título de amo o propietario ni, en el futuro, podrá adquirir propiedad aquí».

Los blancos no quisieron acatar ni oir. Y ahí, como una llaga, Depestre: “salgo huyendo del viejo orden gemelo bárbaro/civilizado”.

Posdata:

El neumático incendiado

¿Conocéis la receta del tío Lebrun?

buen solomillo de haitiano a la plancha,

entrecot con patatas de nigromantes,

ola de historia humana azulona

de tanto sangrar en leña de infamias.

Haitiano-bistec viviendo el infierno

en un tercio de isla donde circula el destino

lejos de los convidados a la comedia,

sometidos los músculos, subastados en el templo

de los mercaderes negros y blancos de la globalización.

¡En el país primer productor mundial

de desdichas y de zombis,

voto en contra el neumático incendiado,

en contra del espacio y del tiempo locos

que nos hace la llama del tito Lebrun!

Yo voto por Toussaint Louverture

en contra del eterno retorno del látigo a mi lomo.

Salgo huyendo del viejo

orden gemelo bárbaro/civilizado;

a todo correr dejo para siempre

la casa en llamas de las barbaries:

soy un matinal volver a empezar,

mi carnaval madruga para ir

a-votar-al-sol-de-un-arte-de-vivir-juntos.

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categoría: américa latina