Bajos salarios, prácticas antisindicales, discriminación de género. Son tantos los problemas que tienen los trabajadores de Wal-Mart Argentina que no saben por donde empezar a contarlos. Y no se trata de hechos aislados.
Esta es la política habitual del gigante del mercado minorista mundial, que en 2004 integró la lista de las “diez peores corporaciones”, que anualmente elabora la revista estadounidense Multinational Monitor. Muchos no se atreven a hablar por miedo a represalias. Si lo sabrá Gustavo Córdoba, despedido sin causa en dos ocasiones por intentar organizarse gremialmente.
“Los trabajadores somos víctimas de Wal-Mart que no quiere que nos organicemos sindicalmente”. El que habla es Gustavo Córdoba, 32 años, quien trabaja en la sección de ventas de electrodomésticos en la enorme sede de la firma en el partido bonaerense de Avellaneda (el primer local inaugurado en la Argentina en 1995). Lleva casi 10 años de tareas en Wal-Mart y fue despedido dos veces. ¿Despedido dos veces? La pregunta surge con natural perplejidad: “Sí, en agosto de 2006 nos despiden a cinco compañeros, entre ellos a mi, por participación gremial, pero me vuelven a reincorporar por la pelea de la Junta Interna de delegados y el 14 de marzo de 2007 me vuelven a despedir sin causa. Lo que pasaba es que había una vacante en el cuerpo de delegados y se iba a llamar a elecciones para completarlo, la empresa seguramente supuso que yo podría participar en esas elecciones. La intervención del Congreso de la Nación, del Ministerio de Trabajo y de la CTA obligó a la empresa a reincorporarme nuevamente. Las dos veces me despiden sin causa”, explica.
Durante el segundo despido de Córdoba se realizaron dos audiencias en la delegación de la localidad de Sarandí, en el Partido de Avellaneda, del Ministerio de Trabajo de la Provincia, a la segunda de ellas la parte empresaria no acudió. Fuentes de esa cartera laboral explicaron que eso fue una admisión de hecho de que el despido fue por motivos gremiales.
Complementariamente, los trabajadores presentaron un recurso por discriminación sindical en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi); también fueron recibidos por la Comisión de Legislación Laboral en la Cámara de Diputados de la Nación y hay dos proyectos de Resolución de legisladores que expresaron su preocupación por la situación de desprotección laboral comprobada. “Con Wal-Mart parece que nunca se termina”, admite casi resignado Córdoba.
La empresa, sin embargo, negó esta persecución. Hernán Carboni, gerente de Relaciones Institucionales, aseguró que Wal-Mart Argentina “permite la existencia de delegados, y que todos los locales tienen personal afiliado al sindicato de comercio”. Pero ninguna alusión hizo a la posibilidad de que los trabajadores puedan conformar una nueva organización acorde a sus intereses. Y para colmo, un correo electrónico enviado por trabajadores de Wal-Mart Avellaneda al Comité de Etica Global de la firma, en referencia a las prácticas antisindicales, fue respondido (en un mal español) de la siguiente manera: “La única discriminación que nuestra oficina se dirigida (sic) son los estatus que esta protegida por la ley. Siendo discriminado por ser parte de sindicato no es un estatus que es protegida (sic) por la ley. Por esta razón no es violación de el Libreo (sic) de Ética de Wal-Mart. Su alegación será mejor dirigida usando la póliza de puerta abierta”. Esto implica una aceptación por parte del gigante minorista mundial que no respeta la actividad gremial.
Wal Mart Avellaneda parece empeñado en desordenar la vida de 550 empleados, la mayoría de entre 18 y 22 años, pero son 350 los que están encuadrados en un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT), el 130/75, de empleados de comercio, el resto lo hace en condiciones precarias, tercerizados o por agencia de contratación. Una de las peleas frontales de la Junta Interna de delegados es que puedan entrar al Convenio. Sin embargo, el proceso de expansión y consolidación del sector comercial fue posterior al convenio que rige su actividad y hay particularidades que hoy no están contempladas. Para muestra basta un botón: en 1989 se derogó en la Argentina la obligación de inscribirse en el Registro de Inversores Extranjeros y se sancionó una nueva ley que permitió que accedan a los mismos derechos y obligaciones que los inversores locales.
“Necesitamos que haya un proceso de cambio, que respeten los derechos incluidos en la Constitución nacional, que cese la persecución sindical y la violación a los Convenios Internacionales”, sostiene Córdoba. Justamente el Convenio núm. 98 sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) –la agencia de la ONU para los derechos del trabajo que agrupa a gobiernos, trabajadores y empresarios– afirma que “los trabajadores deberán gozar de adecuada protección contra todo acto discriminatorio tendiente a menoscabar la libertad sindical en relación con su empleo”, y esa protección debe servir “contra todo acto que tenga por objeto despedir a un trabajador o perjudicarlo en cualquier otra forma a causa de su afiliación sindical”. Este convenio fue ratificado por la Argentina en 1956, al igual que el núm. 87 sobre libertad sindical y protección del derecho de sindicación que se refiere “al derecho a constituir las organizaciones que estimen conveniente”.
“Wal-Mart desconoce estas normativas internacionales porque no tolera un sindicato activo que defienda sus derechos; está acostumbrada a delegados serviles, en estado vegetativo”, abunda Córdoba.
En la Argentina, a pesar de las exhortaciones de la OIT y del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia que determinó que no es necesario estar afiliado a un gremio con personería gremial para ser delegado, la falta de libertad y democracia sindical sigue vigente: más 2.000 organizaciones sindicales no pueden ejercer sus derechos básicos, según un informe elaborado por el Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). En este terreno movedizo es que Wal-Mart puede ejercer, casi sin consecuencias, sus políticas antisindicales.
Un combo abusivo
La publicación estadounidense Multinational Monitor elabora un ranking anual de las peores empresas multinacionales de cualquier parte del mundo contabilizando hechos por la extrema gravedad ética o por la masividad del perjuicio ocasionado. Así, Wal Mart estuvo entre las 10 peores en 2004 (ver http://www.multinationalmonitor.org/mm2004/122004/index.html).
Sus prácticas antisindicales han sido denunciadas hasta en los Estados Unidos. Por ejemplo la ONG Global Exchange la ubicó entre las “catorce empresas globales más malignas del planeta”; la Organización Nacional de Mujeres aseguró que Wal Mart es “mercader de la vergüenza”; y el renombrado economista Paul Krugman calificó como “brutal” la política de la cadena por el régimen cuasi carcelario que impone a sus empleados.
Otros casos paradigmáticos fueron, en 2003, la sucursal Wal-Mart de Villa Pueyrredón tapó con pintura un mural que recordaba a los detenidos-desaparecidos y que fuera declarado de interés por la Legislatura porteña. Al año siguiente, en el hipermercado de La Plata, el fletero Germán Oscar Brufani denunció a la empresa por discriminación: por su notable parecido físico con Bin Laden le prohibieron la entrada a ese Wal Mart. En marzo de 2009, después de dos años de juicio Wal-Mart llegó a un acuerdo monetario con Erica Villalba, a quien la empresa despidió sin justa causa y en pleno embarazo en julio de 2006.
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