Esos rostros tienen un instancia de pensamiento más. Un país de respuestas sencillas. De buenos días. Conventillo de pájaros, machetes de hombres invisibles, voces de niños, aldeas en desfiladeros. Pueblos de todos los colores.
Allá en lo alto, en aquel monte, alguien encendió un fuego. Un humo grisáceo se eleva. Sobre una paleta de verdes unos niños pastorean camélidos. Una casa que mira al vacío: asomarse a la ventana es ver la inmensidad sin fondo, telas multicolores secándose sobre las hierbas, mujeres lavando la ropa en manantiales.
Ciudades como caracoles, ruido de bocinas, autos que se esquivan por milímetros, voceo de vendedores y destinos, un bajar y subir incesantes. Ciudades anilladas, coloniales, agrarias, amazónicas, altiplánicas.
Bolivia de extremo a extremo.
Oleos de la vida en estas tierras.
El periodista polaco Ryszard Kapuściński, además de su profusa obra periodística-literaria, dejó un libro de poemas, titulado Bloc de notas, uno de ellos dice: “Por qué / el mundo / pasó volando a mi lado / tan deprisa / no se dejó retener / acercársele / tratar de tu / lanzado a la carrera / un punto que se desvanece / ¡en fuego y humo!”.
Y así pasa Bolivia: sus historias resistentes, las rebeliones de su pueblo por pan, tierra y territorio, la plurinacionalidad, las alturas, las tierras bajas, lo rural, lo urbano, lo ancestral. Desde Tupac Katari a Marcelo Quiroga Santa Cruz, desde Evo Morales a Bartolina Sisa.
Historia gloriosa: la de un indígena aymara, Tupak Katari, que lideró las revueltas más extensas contra el colonizador español, junto a su esposa Bartolina Sisa. Llegó a conformar un ejército de 40 mil bravos hombres y en 1781, por dos veces, cercó la ciudad de La Paz, provocando el pánico castizo, dos largos años les llevó doblegar este levantamiento. Comunicados por un cordón de plata, el pueblo de El Alto, protagonizó el Octubre Negro de 2003, cuando volvió a cercar La Paz, para impedir que el gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada vendiera a precio vil el gas boliviano. La resistencia de meses se cobró más de 70 vidas heroicas. De ese barro candente nació el proceso liderado por Evo Morales que lo llevó a la presidencia en 2006. También de las nacionalizaciones y derechos ganados de la revolución de 1952 y del aporte intelectual, literario y de resistencia del socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien el 17 de julio de 1980, al producirse el sangriento golpe protagonizado por García Meza y Arce Gómez, fue herido y apresado por militares argentinos durante el asalto a la Central Obrera Boliviana (COB). Luego, asesinado. Aún permanece desaparecido.
Bolivia es, a la vez, lugar sencillo: su gente, su vida, su manera de ser, moverse, actuar, sentir. Liviandad. Y, sin embargo, también está en la superficie el debate político intenso, la defensa encarnizada de la ideas. Marchas llegadas de todos los lugares por reivindicaciones de raíz profunda. Movimientos sociales que interpelan y son la base social de un proceso de cambio inédito en la historia del país y de muchas naciones americanas, la llegada al poder de aquellos que siempre estuvieron sojuzgados, de aquellos que siempre fueron considerados y tratados como raza subalterna, la llegada del primer presidente indígena en la historia del país: Evo Morales Ayma.
Nombrada así en homenaje a Simón Bolivar, la pueblan paisajes resplandecientes, imponentes cadenas montañosas. Como Sorata, pueblito de casas amuchadas junto al Illampu, la montaña más alta de Bolivia.
Corrientes de agua, senderos de pueblo, en zig-zag, como una serpiente de altura, el verde y el marrón por todos lados, tonos de selva y roca, y el sonido del río que aún fluye, puentes bajos, caminos al abra, puentes caídos, angosturas, aguas correntosas, abiertas, la naturaleza apoderándose de uno.
Un bloc de notas, pero escrito de a dos, el hombre escribiendo a dos voces con la naturaleza. Disfruto escribir junto a mi biblioteca, buscando citas, fuentes, soportes. Ahora los ojos no alcanzan garabateando sobre una roca, junto a un lago y un paisaje agreste. Pura poesía. Densidad literaria.
Andar hacia Coroico, Tocaña, Mururata, Chicaloma: pueblos de afrobolivianos. Traídos por el imperio español como esclavos. Raíces afro de Bolivia, donde se reivindica a Franz Fanon y a Alí Primera. Sus frases en carteles o paredes.
“Cada generación debe descubrir su destino, para después cumplirlo o traicionarlo”, dijo Fanon y complementó Alí: “Aquellos que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.
Bolivia se mira bajo el umbral de la altura. La mirada hacia el horizonte lacera la distancia. Las nubes que se besan con las montañas; se posan, cuando cae la noche. Una bruma especial crea historias, a la vuelta de las esquinas, al pie de los cerros, junto a los ríos, de la mano de las piedras.
Tierra y cielo y sol y luna.
Agua.
Bolivia, siempre de pié. Nunca de rodillas.
Posdata:
La tradición oral aymara pasa de boca en boca. De generación en generación. Abuelas y padres, las cuentan a sus nietos e hijas. Cuando el español capturó a Katari, este les espetó: “Hoy me matan… Pero mañana volveré y seré millones”.
Ahí están los millones.
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