Te lloro. Hoy quisiera escribir las palabras más certeras y poéticas. Palabras que estén a la altura de tu talla. Quiero creer que los hombres extraordinarios como vos nunca mueren, pero ¿y estas lágrimas que no paran de brotar desde que llegó la noticia?
Literalmente diste la vida por este continente azotado. Tu causa me hizo chavista y chavista moriré. Hoy me despido de vos y no lo tolero. No araste en el mar, tu ejemplo cunde hoy entre los que creen en que la vida es merecida. ¡Hasta la victoria, siempre, comandante Hugo Chávez Frías! Te lloro.
Hoy no puedo hacer recuento de los inmensos logros de la revolución bolivariana. De cómo Chávez cambió de raíz un país subdesarrollado, colonial, rehén de la oligarquía y lo convirtió en una nación digna, soberana, con los cambios sociales más audaces del continente.
Hoy veo hipnotizado esa marea roja, popular, ese río de pueblo verdadero, de barrio bajo, de raza desposeída que sigue caminando sin tregua Caracas para despedir a quien ya es leyenda, quien debe morar en el Panteón junto al Libertador Simón Bolivar. Nadie se atreve ni se atreverá a decir cuántos hay allí, incontable ese río místico.
Inconmensurable amor de pueblo.
Pueblo Fe.
Hoy es como mi hogar de la infancia, el patio, el techo de chapas, la vereda rota, la pelota de trapo, la calle de adoquines, la inocencia… ya nada de eso tengo… no tolero que te hayas ido… no vos… a quien más le debemos por este viento de cambio que gozamos en Nuestra América.
Hoy te lloro con ese torrente que es volcán, que se rebela en el pecho, cuando la garganta es incapaz de contener y las convulsiones se gravan en hierro en el alma.
Una serpiente cascabel que se enrosca en las tripas.
Mi oficio me permitió verte de cerca, en eventos épicos, siempre solidario, valiente, quijote contra los molinos de viento, en la senda de los mejores: Martí, Bolivar, Sandino, Farabundo, Che, Fonseca, Fidel. Ya estás ahí, en el Panteón de héroes, de los Revolucionarios de verdad.
Veo los diarios del mundo. Dan pena. Hijos de puta. En letras de molde. El País de España tituló: “El cáncer derrotó a Chávez”, el Periódico de Catalunya: “El caudillo se calla”. Solo dos ejemplos de los colonizados. Los derrotados son ellos. Incapaces de entender el amor de un pueblo por su líder. Nunca comprenderán como late América Latina, el frío viejo continente jamás entenderá. Huelen a misera rancia, adoradores de la muerte, falangistas, en su redacciones debe haber carteles que dicen ¡Viva el Cáncer!
Ni una línea más para los miserables.
Escuálidos.
Vida de renacuajos.
Hoy te lloro porque lo inesperado te acribilla sin aviso. Mansa como la traición llega la muerte.
Hoy te quiero abrazar fuerte Arañero de Sabaneta, quiero cobijar a aquel niño que voceaba para juntar unos pesos en su terruño, en el llano venezolano, con los dulces típicos de lechosa.
Hoy quiero abrazar a aquel hombre que al ingresar a la Academia Militar vio con ojos nuevos la miseria de la Venezuela pactista y entregadora; en la retina las miserias, las trampas de la oligarquía, las desigualdades. Allí te reencontraste con Simón Bolivar. Con su credo. Te hiciste soldado, soldado bolivariano. Creaste el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), pariste el germen de lo que venía, el 4-F, dos años de cárcel, el “por ahora” y luego 14 años donde diste vuelta la tortilla, como dice la canción: Que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda.
¡Hasta siempre, comandante!
¡Rodilla en tierra!
¡Viviremos y venceremos!
Posdata:
11 de septiembre de 2008: “Váyanse al carajo yanquis de mierda que aquí hay un pueblo digno, aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda, váyanse al carajo 100 veces, aquí estamos los hijos de Simón Bolívar, de Guaicapuro y de Tupac Amarú. Nosotros estamos resueltos a ser libres”.
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