Cuba bajo asedio


Compulsión imperial

17 de febrero del 2026

El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que declara a Cuba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos e impone sanciones a países que suministren petróleo a la isla.

Las declaraciones de los líderes de MAGA –esa secta que gobierna los Estados Unidos– muestra la carestía total de humanidad. Donald Trump vaticinó que con estas medidas: “Cuba no podrá sobrevivir”; el congresista republicano Carlos Giménez bramó: “No petróleo, no viajes, no oxígeno”; y el secretario de Estado Marco Rubio llamó a “matar de hambre” a la isla.

Estados Unidos, un país de más de 350 millones de habitantes, la principal potencia militar y económica del planeta, que ha invadido, saqueado e intimidado a decenas de países durante más de 200 años, declara una “emergencia nacional” argumentando que las políticas, acciones y prácticas de Cuba —una nación de 11 millones de habitantes, bloqueada desde hace más de seis décadas y perjudicada en más de 150.000 millones de dólares por el asedio unilateral e ilegal de Washington— “son repugnantes y entran conflicto con la política exterior”.

El presidente Miguel Díaz-Canel respondió que se trata de una maniobra basada en falsedades, destinada a castigar al pueblo cubano y evidenciar la naturaleza “criminal y genocida” de la élite política estadounidense. Esta escalada se inscribe en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, que revive abiertamente la Doctrina Monroe y proclama el dominio de Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe (https://www.nosdiario.gal/articulo/internacional/doutrina-monroil/20260120212447244599.html).

Washington justifica esta política alegando supuestos vínculos de Cuba con gobiernos y actores hostiles. La orden ejecutiva cita leyes estadounidenses que permiten declarar emergencias nacionales y aplicar sanciones económicas unilaterales. En la práctica, el objetivo es presionar a terceros países para cortar el acceso a combustibles y que el gobierno cubano caiga, como lo pretenden fallidamente desde hace 65 años. 

La obsesión estadounidense con Cuba no es nueva. Desde finales del siglo XVIII, los presidentes Thomas Jefferson (1801-1809), James Monroe (1817-1825) y John Quincy Adams (1825-1829) concibieron la anexión de la isla como objetivo prioritario de los Estados Unidos. Quincy Adams formuló la teoría de la “gravitación política”, según la cual Cuba, separada de España, caería inevitablemente en manos estadounidenses. Simón Bolívar comprendió ese peligro y advirtió de la naturaleza depredadora de la Doctrina Monroe.

En 1898, Estados Unidos invadió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, consolidando su expansión imperial. Poco después, la Enmienda Platt (1901) subordinó formalmente a Cuba, otorgando a Washington el derecho de intervenir militarmente y establecer bases, como Guantánamo. Hasta 1959, la isla funcionó como un enclave, cuyos recursos quedaron en manos de empresas estadounidenses, una mera extensión de los balnearios de Miami.

El triunfo de la Revolución Cubana alteró ese esquema. Desde entonces, Estados Unidos ha recurrido al terrorismo, los sabotajes y el bloqueo económico para intentar derrocar al gobierno revolucionario. La invasión de Playa Girón (1961), los cientos de intentos de asesinato contra Fidel Castro, operaciones encubiertas, contrarrevoluciones artificiales y propaganda falsa ilustran esta política.

En 1962, año de inicio del bloqueo criminal, la OEA expulsó a Cuba, mientras guardaba silencio ante dictaduras sangrientas en la región. Fidel Castro denunció entonces al organismo como un “ministerio de colonias yanquis”. Décadas más tarde, la Ley Helms-Burton (1996) reforzó el bloqueo, pese a la condena unánime de la comunidad internacional.

Paradójicamente, Estados Unidos incluyó a Cuba en su lista de países patrocinadores del terrorismo, aun cuando grupos financiados desde territorio estadounidense perpetraron ataques —como la voladura de un avión civil cubano en 1976, que causó 73 muertes—, atentados a infraestructura crítica e incluso al sector turístico.

A más de 200 años de la Doctrina Monroe, Washington sigue invocándola para justificar actos imperiales. El nuevo corolario Trump se arroga el derecho a intervenir en el hemisferio occidental, como lo hizo en Venezuela secuestrando a su presidente.

El terrorismo se convirtió en la política oficial de Washington en castigo por su insolencia revolucionaria; sin embargo, la soberanía cubana no ha podido ser doblegada.

Publicado en: https://www.nosdiario.gal/articulo/internacional/compulsion-imperial/20260217214639247648.html

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categoría: américa latina