México me recibió con potentes manifestaciones por el 11 aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, un crimen de Estado clavado como estaca en la sociedad mexicana. Un caso aún impune, como el de tantos miles, en un país «tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos».
La desaparición, aquel 26 de septiembre de 2014, de 43 jóvenes que estudiaban para ser maestros rurales, trascendió las fronteras de México, hasta fue convocado el Equipo Argentino de Antropología Forense, vital en Argentina para hallar personas desaparecidas durante la dictadura militar (1976-1983) y que ha recorrido más de 50 países para ayudar en la tarea de memoria, verdad, reparación y justicia. El drama de la desaparición forzada salía dramáticamente a la luz, se hallaron miles de restos en fosas comunes, pero ninguno de los estudiantes. La estadística oficial marca que en el período 2006-2025 se registraron 130.000 desapariciones y 50.000 cuerpos aún esperan en morgues de todo el país por el reconocimiento de algún familiar. Camilo Vicente Ovalle, Doctor en Historia por la UNAM y especialista en el tema, me cuenta que estas violaciones sistemáticas a los derechos humanos «se remontan a la década de 1960 cuando el hegemónico PRI utilizaba los métodos de cualquier dictadura para eliminar a la guerrilla y a opositores políticos».
La hidra del narcotráfico, un negocio lucrativo para las organizaciones criminales, la política, la economía y el propio Estado, cooptó todo hasta niveles de horror, hasta convertir a las masacres en noticia cotidiana.
La mal llamada «Guerra contra las drogas», la inició el presidente Richard Nixon en 1971 y, desde entonces, la venta y el consumo crecieron exponencialmente, al igual que las ganancias. Que curioso resulta que conozcamos el nombre de los cárteles en México y Colombia, pero ninguno en los Estados Unidos, país que tiene el 4% de la población mundial y consume la mitad de las drogas del planeta.
La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, tensó aún más la relación entre ambos países, que comparten una frontera común de 3.200 kilómetros. El magnate amenazó y la presidenta Claudia Sheibaum respondió dignamente. Fueron varias las provocaciones: «México hace lo que le decimos que haga, y Canadá hace lo que le decimos que haga», dijo en agosto de este año en una rueda de prensa en el Despacho Oval, a lo que la mandataria mexicana contraatacó: «Por cierto, para cualquiera que tenga alguna duda, este es un mensaje de México para el mundo: en México el pueblo manda».
Tras 70 años de gobiernos ininterrumpidos del PRI y dos administraciones del PAN, la izquierda llegó al gobierno, primero con Andrés Manuel López Obrador, un sexenio que fortaleció la macroeconomía y que, por primera vez en décadas, logró avances sociales: aumento de salario mínimo, inversión social, salida de la pobreza de más de 13 millones de mexicanos.
El Instituto Nacional de Estadísticas y Geografías, sostiene que esas políticas colocaron a México como el país que más redujo la desigualdad en América desde 2018: el índice Gini, una medida de concentración del ingreso siendo 1 el mayor valor, pasó de 0, 426 en 2018 a 0,391 en 2024, el nivel más bajo desde que existe este índice.
Gobernar México es ingresar en un lodazal cruzado de violencias: cárteles, con presencia en el 75% del territorio, pero que ya han transnacionalizado sus negocios, intereses políticos y económicos, y la cercanía con Estados Unidos. Una reciente encuesta valora positivamente las acciones de la primera presidenta en la historia de México. Con una aprobación del 74% y un 61% que destaca su política exterior soberana ante los agravios de Trump.
Cómo dijo Juvenal Becerra en el documental «Hecho en México»: «La esencia real de la cultura mexicana ha sido la resistencia. 500 años de resistencia: resistencia a los políticos y resistencia a los Estados Unidos. Vivir al lado de los Estados Unidos y seguir teniendo México su propia cara, su propia vibración, es un logro enorme».
Esa raza brava, recorrió Estamos Unidos de costa a costa entre agosto y septiembre de 2012. Un centenar de víctimas fueron a denunciar la responsabilidad de Estados Unidos en la violencia que azota a México. La Caravana de la Paz simbolizó la esperanza de mirar de frente a la injusticia aunque en este contexto parezca utópico.
Publicado en: https://www.nosdiario.gal/articulo/internacional/raza-brava-resistencia-do-pobo-mexicano/20251016212037236904.html
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