No alcanzan las manos para contar todo lo que acumulan. Y, sin embargo, quieren más. Ya se sabe, la oligarquía no tiene nacionalidad ni escrúpulos y el único himno que conocen es el de sus cajas registradoras. La acumulación cochina de tierras, dinero y vidas. Un célebre calipso afroamericano sobre un obrero bananero dice así: “San Pedro, no me llames, ya no puedo morir. El alma se la debo a la tienda de la Compañía”.
Leer el resto de la nota »
