Aquella voz rota, que parecía sepultada, golpeó con puños toscos el ataúd de sordera en la que la enterraron. Orgullo republicano ondeó insurrecto estos días en toda España: la resplandeciente tricolor.
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Augusto César Sandino (1895-1934)
Hago visera con la palma de la mano izquierda tratando de adivinar la sombra de Augusto César Sandino en el horizonte. Busco su efigie. El monumento negro. Su presencia, en las alturas de la laguna de Tiscapa. Desde los rincones de Managua, alzando la vista, siempre aparece junto al cielo.
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Texto publicado en el libro «4 de 5, el Tigre te mata»
Creer o reventar. No hay término medio. Se cree o no se cree. Y cuando se cree, es con fervor. Con tanto. Y en estas lides no hay lugar para la tibieza ni pasiones edulcoradas: el fútbol es como la fe. Es solo para creyentes. No se la analiza, no se buscan explicaciones lógico-racionales, no se hacen tratados científicos. No. Se cree sin preguntar razones.
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