Una pequeña franja de tierra. Olvidada por Dios. Un hogar angosto, estrangulado entre el Sinaí, el Mediterráneo y el bloqueo militar de Israel. Manos que siguen asfixiando la garganta. Otras que intentan llevar la brisa.
Vamos a mezclar un poquito esta coctelera latinoamericana: hoy batimos a Calle 13, Celac y Filiberto Ojeda Ríos. Una demanda, una fundación, un homenaje. Fusionados en la historia circular de estas tierras: sueños independentistas versus pesadillas colonizadoras.
Un Estado se desploma sobre otro Estado. Aprieta con su puño colonial a una población nómada, con muros, cárceles, diásporas, ocupaciones, con todos los dolores que se le pueden infligir a un pueblo que sueña su libertad y, sobre todo, que cree en ella.
Ya no se habla de Kadafi. Fue asesinado por una turba. Como memoria de siglos cierta parte del mundo parece apuntar su curso de atrocidades hacia los más débiles de su propia nómina. Pasen y vean el catálogo del horror de los “civilizados”.
Se los conoce como los Indignados. Los saturados por el ajuste perpetuo, el asalto a las ilusiones y el futuro hipotecado. Algunos ya se están poniendo nerviosos por la propagación de esta epidemia.