Su poesía es bala certera. Viene desde la línea del horizonte galopando a puro sol. Hace treinta y cinco años lo asesinaron por rebelde con causa. Y no fueron quienes asesinan siempre a los revolucionarios. Fueron sus propios camaradas. Su pensamiento revolucionario sin fisuras era demasiado para los arcaicos. Y dijo sin miedo: “Usted sabe: me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes”.
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