Culminaba la década de 1980 y, mientras los países de Sudamérica batallaban por recuperar la democracia tras la imposición de cruentas dictaduras militares apoyadas vehementemente por Estados Unidos, el Consenso de Washington buscaba imponer el neoliberalismo mediante recetas dictadas por los mismos organismos que habían avalado la desaparición forzada, la represión salvaje, la censura de prensa y los ajustes económicos para preservar sus intereses.
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