Abajo, en un vértice de la mesada en la que los asesinos del Che exhibieron al mundo su cuerpo como un trofeo, hay una calcomanía y un dibujo en aerosol. Están uno junto al otro. Casi pegados. Hermanados. Una es la imagen de Carlos Fuentealba; la otra el dibujo de una hormiga pintada en negro, el símbolo que representa a Claudio Lepratti, el Pocho.
Leer el resto de la nota »
